Jose Luis Arce

Jose Luis Arce

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Viernes 19 Agosto, 2016

La revisión del Programa Macroeconómico del Banco Central

Ciencia lúgubre

El Banco Central pone los pies en la tierra. Quizás la principal diferencia que muestra la revisión que recientemente divulgó el BCCR de su Programa Macroeconómico para el bienio 2016 y 2017 es el abandono de premisas excesivamente optimistas acerca del acceso a financiamiento externo durante este año y el próximo, especialmente por parte del sector público.
En enero, el Banco nos sorprendió con la premisa de que esperaba ingresos de capital externos, incluyendo los relacionados con el financiamiento del sector público, muy elevados cercanos al 6% del PIB. Algo que parecía —en ese momento y hoy aún más— poco probable fundamentalmente porque a diferencia de los cuatro años previos, hoy el Ministerio de Hacienda no cuenta con autorización legislativa para emitir deuda en los mercados internacionales.


Esta situación, una coyuntura más restrictiva en los mercados globales de capital debido a la mayor aversión al riesgo —especialmente en el caso de mercados emergentes y economías en desarrollo después de la debacle de las materias primas y de la economía brasileña— y el deterioro de la valoración externa de la propia economía costarricense debido al elevado déficit público y la ausencia de medidas concretas para resolverlo, tanto en el ámbito hacendario como en el político, hacían prever que sería difícil obtener recursos externos en una magnitud similar a la de años previos.
Al final del día, las aparentes negociaciones con el Gobierno chino y la negativa de multilaterales de contribuir al financiamiento del presupuesto sin que antes se dieran pasos legislativos que aumentaran la carga impositiva volvieron evidente que la restricción externa sería mayor.
Cambio en las condiciones del mercado cambiario pero no en la política de intervención del Banco. En lo cambiario, es claro que las menores corrientes de recursos externos y las expectativas de los agentes económicos mantendrán y, probablemente intensificarán las presiones para que el colón pierda valor frente al dólar. Esto es claro en la programación del Banco en su estimación de reducción de sus reservas monetarias internacionales.
Sigue siendo poco clara la postura cambiaria del Banco. Sigue manteniendo un discurso de flotación como requisito para las metas de inflación, pero en su accionar en el mercado de monedas y lo que anuncia en su Programa da la sensación de que seguirá muy comprometido con la estabilidad del precio del dólar estadounidense, quizás un poco más que su pretendida justificación de reducir la volatilidad de ese precio. El anuncio de la reducción en sus activos externos anticipa poco cambio, por el momento, en estas políticas. Deberemos esperar a ver si la realidad —por ejemplo, una caída mayor de la esperada en las reservas— impone modificaciones en su accionar.
Algunos rastros de optimismo en las estimaciones de crecimiento. Aunque claramente la autoridad monetaria ahora reconoce que la disponibilidad de recursos externos será menor que lo que previó a inicios de año, hay todavía rastros de su optimismo inicial en algunas de sus estimaciones, particularmente en las de crecimiento de la economía. Pues estas apenas se redujeron unas pocas décimas de punto porcentual respecto de las anunciadas en enero.
¿Es consistente con el menor crecimiento mundial que se proyecta hoy, con un efecto sobre el ingreso real de la mejora en los términos de intercambio que se diluye paulatinamente, con un mayor estrujamiento del sector privado en el mercado crediticio local producto del desequilibrio gubernamental y con ingresos de capital sustancialmente menores ese ritmo de actividad económica? Todo pareciera indicar que no lo es y que el proceso de ralentización que ha experimentado la economía costarricense en los últimos meses se mantendría y por lo tanto el crecimiento del PIB resultaría menor que el previsto por el Banco.
Desperdiciar una oportunidad de comunicación. La forma en que el Banco comunicó la revisión de su Programa para 2016 y 2017 dejó muchas dudas sobre su estrategia de comunicación. Este documento —junto con sus informes de inflación— debería ser uno de los pilares de su comunicación con los agentes económicos. Publicándolo un día sábado por la tarde y explicándolo —en la voz de sus máximas autoridades— casi cuatro días después es una forma poco ortodoxa de transmitir un mensaje tan importante.
Leyendo entre líneas. De lo analizado por el Banco en la revisión de su programación para los próximos 18 meses parece intuirse un cambio en la postura de su política monetaria, de una relativamente relajada —expansión de la liquidez y baja tasa de política— a una más restrictiva. El alto déficit público, el menor financiamiento externo, el retorno de la inflación a niveles más normales y la presión para que el colón se deprecie son elementos que deberían conducir en el corto plazo a un cambio en esa dirección.
El Banco sin decirlo expresamente parece empezar a insinuarlo, lo que es una buena noticia, porque demostraría una autoridad monetaria realmente comprometida con la estabilidad y no dispuesta a facilitar el financiamiento del alto déficit gubernamental a cualquier costo.

Las opiniones expresadas acá son de naturaleza personal