Rodolfo Piza

Rodolfo Piza

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Miércoles 4 Mayo, 2016

 ¿Qué hacer entonces? No es posible mantener el statu quo (salvo que queramos tener una crisis económica y social). Es necesario hacer ajustes y ellos no pueden ser cosméticos

La necesidad de encontrar acuerdos

 

Más allá del “zipizape” de la elección del Directorio Legislativo, de los arreglos políticos y de las “teorías conspiratorias” que se construyen sobre estos; el país debe salir adelante.
La matemática legislativa obliga a encontrar acuerdos. El Gobierno y los partidos afines, no tienen mayoría para pasar la legislación de su interés sin negociar con otros. Los partidos de oposición tampoco. Aunque lograran aprobar algunas leyes por mayoría, no tienen los votos para una vía rápida, para enmendar la agenda legislativa, ni para reformar el Reglamento o la Constitución (todo ello requiere 38 votos). Además, si el Gobierno se opone a las leyes aprobadas, podría vetarlas y exigir un resello que requiere mayoría calificada (38 votos).


Frente a esa realidad, quedan dos caminos: a) que el Gobierno y la oposición se acusen mutuamente y que el país siga entrabado; b) que el Gobierno y los partidos rompan el “diálogo de sordos” y se comprometan a negociar sobre los temas centrales.

Los problemas los conocemos bien: 1) pobreza y desigualdad, 2) desempleo, 3) criminalidad, 4) crecimiento económico limitado, 5) desequilibrio en las finanzas públicas, 6) infraestructura deficiente (en carreteras, acueductos, etc.), 7) educación y salud estancadas, 8) desconfianza para invertir o para creer en las instituciones públicas.
Es cierto que un Gobierno puede enfrentarlos sin acuerdos legislativos; pero los avances sostenibles los necesitan.
Reformas legislativas complejas, serían muy difíciles de alcanzar. Una reforma integral del empleo público o de las pensiones, por ejemplo, no parecen viables, ni política ni socialmente (salvo que queramos tener un país incendiado). Tampoco lo es, una reforma integral del sistema impositivo o tratar de bajar el déficit fiscal de un solo golpe.
¿Qué hacer entonces? No es posible mantener el statu quo (salvo que queramos tener una crisis económica y social). Es necesario hacer ajustes y ellos no pueden ser cosméticos. Debemos concentrarnos en reformas puntuales. Aquellas que, respetando derechos adquiridos, nos ayuden a corregir algunos excesos en anualidades o pluses (para el futuro); o ajustes graduales de las pensiones (hacia el futuro), sin afectar el poder adquisitivo de las mismas. O aquellos ajustes que nos ayuden a bajar paulatinamente el déficit fiscal (un 1% por año, parece razonable y alcanzable). También se pueden revisar mecanismos puntuales de orden tributario (para enfrentar fraudes y evasiones) y eliminar trabas burocráticas a los emprendimientos, al crecimiento económico y a la propia prestación eficiente de servicios públicos (de salud o educación, por ejemplo); mientras le apostamos a la inversión en infraestructura, equipamiento e investigación.
Ajustar el Reglamento Legislativo para evitar el filibusterismo, lograr que las leyes pueden votarse en un plazo razonable y tener reglas constitucionales sobre el déficit fiscal hacia el futuro; permitirían al Gobierno cumplir su mandato con éxito y encauzar al país por la senda de la confianza y el desarrollo.
José Joaquín Trejos puede servir de guía para gobernar con una mayoría legislativa en contra: logró equilibrar las finanzas públicas y el mayor crecimiento económico de la América Latina.

Rodolfo E. Piza R.