Jose Luis Arce

Jose Luis Arce

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Jueves 14 Julio, 2016

Un escenario de mayor inflación y depreciación del colón como el que se anticipa llevaría al Banco Central a endurecer su política monetaria, probablemente aumentando su tasa de referencia y a replantearse el fuerte compromiso con el nivel del tipo de cambio que ha mostrado


Ciencia lúgubre

La madera de la que está hecho el Banco Central

Las condiciones macroeconómicas han estado modificándose en los últimos meses, en una dirección menos favorable. Todo parece augurar que se acercan tiempos un tanto más complejos y retadores para las políticas económicas. El tipo de coyunturas que permite conocer de qué madera están realmente hechos los bancos centrales.
Por una parte, el entorno internacional luce menos positivo. Pese a que los resultados del primer trimestre no han sido decepcionantes, las perspectivas de crecimiento siguen revisándose a la baja, debido a la mayor incertidumbre.
Muchos procesos no resueltos —el ajuste de la economía china y de los mercados emergentes, la salida del Reino Unido de la Unión Europea, la estabilidad financiera de la Zona del Euro, el terrorismo y un entorno político complejo, léase el surgimiento del populismo incluso en el Primer Mundo— han puesto nerviosos a los agentes económicos, y por esa vía reducido las perspectivas de crecimiento futuro y, además, alimentando mayor volatilidad y aversión al riesgo en los mercados de capital.
Entre tanto, los precios de las materias primas han empezado a subir, ciertamente no se espera que lo hagan hasta alcanzar los niveles de mediados de 2014, pero el cambio en su tendencia anticipa mayores presiones inflacionarias externas y, especialmente, el deterioro de los términos de intercambio, uno de los factores que impulsaron el crecimiento doméstico en los últimos dos años.
Por otro lado, internamente aunque se han emitido tenues señales de que puede construirse un acuerdo político para un conjunto de medidas que —aun de manera muy parcial— entren a corregir el desequilibrio en las finanzas gubernamentales, el tamaño del déficit y su financiamiento en el mercado local, anticipan una presión interna que conduciría a un mayor estrujamiento del sector privado en el mercado crediticio.
Este contexto parece insinuar un futuro de menor crecimiento del gasto y de la producción, de tipos de interés más elevados, lento crecimiento del crédito bancario y de mayores presiones inflacionarias y de depreciación del colón.
Este escenario pondrá a prueba las políticas del Banco Central. Desde mediados de 2014 y hasta el segundo semestre de 2015, en general, la coyuntura jugó a favor del BCCR: la inflación se redujo notablemente por factores externos lo que le permitió relajar su postura monetaria, fueron dominantes las presiones para que el colón se apreciara, lo que le facilitó una intervención más activa que estabilizó excesivamente el precio del dólar en el mercado y permitió la acumulación de reservas. Ambos elementos contribuyeron a que se redujeran los tipos de interés.
Hoy estos espacios se han ido cerrando. En el segundo semestre, un escenario de mayor inflación y depreciación del colón como el que se anticipa llevaría al Banco Central a endurecer su política monetaria, probablemente aumentando su tasa de referencia y a replantearse el fuerte compromiso con el nivel del tipo de cambio que ha mostrado, debido a la erosión en las reservas monetarias.
Hay que mantenerse atentos a las acciones que adopte el BCCR en los meses que siguen, dependiendo del camino que elija sabremos si su compromiso con la estabilidad es genuino o no. Lamentablemente en los últimos meses su actuación en el mercado cambiario ha dejado muchas dudas acerca de la congruencia entre sus políticas, sus objetivos y sobre todo su discurso.
Al final del día, el temor principal sería que sus acciones revelaran a un Banco Central muy complaciente con el Gobierno, en el sentido de muy ocupado en facilitarle indirectamente el financiamiento de su abultado déficit.
 

Por José Luis Arce