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La intolerable tolerancia

“No hay nada más raro en el mundo que una persona a la que siempre podamos tolerar”. Así resume el poeta Leopardi una condición para crear equipos sólidos y relaciones constructivas. La tolerancia es una semilla para la efectividad organizacional.
Con cuatro premisas expresadas por M. Gandhi, valoraremos el impacto de esta virtud en la construcción de verdaderos equipos. Primera: “Puesto que yo soy imperfecto y necesito la tolerancia de los demás, también he de tolerar los defectos del mundo hasta que pueda encontrar el secreto que me permita ponerles remedio”. Es bien molesto que un miembro del equipo requiera a los otros lo que él mismo no aporta. Incluso, hay personas en posiciones de poder que tratan de ocultar esa contradicción con actitudes autoritarias que no dejan espacios para recibir retroalimentación al respecto.
Segunda premisa: la violencia es el miedo a los ideales de los demás. Un dirigente o miembro intransigente o falto de humildad, erradica el debate de ideas frente a frente para evadir el riesgo de reconocer que no detenta el monopolio de la verdad. Minimizar a los demás es una postergación del triste momento de caer del falso pedestal de inequívoco. La sensación de que al final los otros podrían tener razón es difícil de digerir, nos recuerda Gandhi.
Tercera premisa: “Ojo por ojo y todo el mundo acabará ciego”. El irrespeto y la intolerancia mutua tienen un destino: el fracaso del equipo y la ruptura de relaciones interpersonales. Esforzarse para que el otro termine más afectado que nosotros en un conflicto nos condena a padecer amargura, frustración, ira, decepción, tristeza y pérdida de paz interior. Un ambiente de trabajo permeado por rechazos recíprocos aniquila la energía y desvirtúa la razón de ser del equipo.
La intolerancia es válida cuando se defienden valores, dignidad personal y principios. Para Gandhi, “lo lamentable de las cosas malas que hace la gente mala es el silencio de la gente buena”. Conforme a esta cuarta premisa, si un equipo posee un pacto explícito de esos principios y disciplina para vivirlos, en él no se confunde la tolerancia con la indiferencia, pues los miembros son proactivos y críticos para proteger su identidad ganadora.
Los nocivos “intolerantes de la tolerancia” podrían pasarse de bando, al menos por unos días, para constatar el aprecio de sus colegas por su contribución para elevar la mística, la cohesión y la productividad del equipo.

German Retana
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