Claudia Barrionuevo

Claudia Barrionuevo

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Lunes 12 Marzo, 2012


La Iglesia empresaria no paga impuestos


En diciembre del año pasado la Ministra de Trabajo de Italia, Elsa Fornero, al anunciar la modificación del sistema de pensiones no pudo articular la palabra “sacrificio” porque el llanto la ahogó. Por más que intentó controlarse no pudo seguir hablando y el primer ministro, Mario Monti, se vio obligado a tomar la palabra.
Aunque Italia no ha llegado a los niveles de crisis de Grecia, Irlanda y Portugal, la recesión económica los ha obligado a adoptar algunas medidas de austeridad. La Comisión Europea recibió complacida el plan que presentó el primer ministro italiano, católico practicante, indicando que su estado cobrará impuestos a la poderosa Iglesia católica de su país.
El Vaticano gozaba de la exención impositiva de todas sus posesiones, que representan el 20% de todas las propiedades del estado italiano. Aunque los templos no deberán pagar impuestos, otros inmuebles como escuelas, centros comerciales y residencias privadas, sí deberán tributar. Considerando que todas esas propiedades tienen un valor de casi $12 mil millones, las empobrecidas arcas italianas podrían llegar a recibir casi $1.000 millones, suma considerable siempre, pero más en épocas de pobreza.
En varias oportunidades, algunos medios de comunicación en el mundo han sacado a la luz pública asuntos relacionados con las finanzas del Vaticano y sobre inversiones que algunos consideraron políticamente incorrectas (métodos anticonceptivos, pornografía y armas). También lo han hecho sobre supuestas relaciones de sus entidades bancarias (el Banco del Vaticano, el Ambrosiano y el Instituto de Obras de Religión) con grupos mafiosos y/o logias masónicas (Propaganda Due), e incluso por posible blanqueo de dinero.
Ante la situación surgida en Italia, país que alberga a las máximas autoridades católicas, otros obispos del mundo empiezan a temer perder sus privilegios.
En España, solo en Madrid se calcula que por año ingresarían casi $125 millones si la Iglesia pagara impuestos.
Además el Estado español paga los salarios de obispos, sacerdotes, profesores de catolicisimo y capellanes. También subvenciona la enseñanza religiosa, la conservación del patrimonio arquitectónico eclesiástico y muchas actividades de la jerarquía católica.
En Costa Rica la situación es casi idéntica que en España: el Estado le aporta a la Iglesia millones de colones anuales para su manutención; el Ministerio de Educación subvenciona a los colegios católicos y el Ministerio de Cultura se encarga de la restauración de los templos.
La Conferencia Episcopal de Costa Rica (Cecor) no es pobre. No solo posee miles de bienes inmuebles sino que ha hecho inversiones en diversas empresas nacionales (Florida Ice and Farm y el Grupo Sama); ha fungido como prestamista y, según declaraciones de varios funcionarios de la Cecor ante la Superintendencia General de Entidades Financieras hace algunos años, supuestamente la Iglesia ha tratado de disimular las dimensiones de su patrimonio creando sociedades anónimas y compañías offshore en Panamá.
¿Dónde quedaron los votos de pobreza y el sacrificio de Jesús?

Claudia Barrionuevo
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