Nuria Marín

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Lunes 12 Octubre, 2009


Creciendo [email protected]
La crisis y el nido lleno

Uno de los efectos poco comentados de la crisis, al menos en Estados Unidos, es el retorno de una gran cantidad de hijos e hijas al hogar de sus progenitores, generándose una dinámica inversa al conocido síndrome del “nido vacío”.
En esta circunstancia se encuentran una gran cantidad de jóvenes que en el pasado y gracias a un ingreso estable habían buscado nuevos horizontes de independencia mediante un espacio habitacional propio y que de repente les es imposible sostener.
Están también aquellos otros quienes, terminados sus estudios universitarios, y a diferencia de sus antecesores por quienes incluso las empresas contratantes hacían fila, les es imposible encontrar un empleo con una adecuada remuneración.
Por otra parte hay muchas parejas que han debido posponer su decisión de conformar una nueva familia al serles prácticamente imposible el asumir los altos costos de iniciar en conjunto una nueva vida.
La versión más dramática la representan miles de familias de jóvenes y no tan jóvenes, quienes al no poder hacerles frente a los pagos de sus hipotecas no solo han perdido su casa sino también su buen historial crediticio. Esas negativas circunstancias les dificultan alquilar o comprar otra casa propia más pequeña.
Emerge entonces una nueva generación de padres y madres quienes no conocerán los embates del síndrome del nido vacío y más bien, deberán lidiar con su fenómeno inverso, una especie de síndrome del nido lleno.
Esta situación plantea retos y desafíos para todos los involucrados. Para quienes no pueden partir de sus hogares, la falta de independencia y responsabilidades puede atrasar el proceso individual de madurez igual que causar un sentido de frustración.
Para quienes se ven forzados a regresar, algunos incluso con sus cónyuges e hijos, se ven en la obligación de lidiar con el fracaso, el renunciar al espacio propio y la autonomía familiar y tener que encontrar un nuevo balance de convivencia e interacción con sus progenitores lo cual se convierte en un verdadero desafío para todos.
No todo es negativo. En una sociedad donde el mundo laboral, la búsqueda de las oportunidades y largas distancias entre los diferentes Estados provocan que las personas como promedio se muden en cinco ocasiones, es fácil perder el arraigo y el contacto con familiares y amigos.
El retorno o permanencia de los retoños al nido, el compartir momentos difíciles, y el que los niños tengan la oportunidad de convivir con sus abuelos, podrían convertirse en positivas oportunidades de fortalecimiento familiar, convivencia intergeneracional y mayor identidad con la comunidad. Como es frecuente en la vida, una mala situación puede convertirse en oportunidad, todo está en la actitud.