La campeona introvertida
Petra Kvitova retorna a los primeros planos del tenis profesional femenino; la promesa empieza a reventar.Glyn Kirk-AFP/La República
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La campeona introvertida

La checa Petra Kvitova tardó tres años en asumir los cambios que sufrió su vida al conquistar su primer Wimbledon, en 2011, y recuperar su mejor nivel para repetir la victoria en Londres, luego de avasallar a la joven canadiense Eugénie Bouchard por 6-3 y 6-0, en una final que solo duró 55 minutos.
La presión de los focos dirigidos hacia ella en cada partido y la exigencia de demostrar su calidad en todos los torneos minaron el juego de una tenista que admite sentirse incómoda con algunas de las exigencias de la fama y el deporte de elite.
Tras derrotar con 21 años a la rusa Maria Sharapova en la pista central del All England Club, la checa no volvió a pisar una final de Grand Slam hasta ahora.
Ante la canadiense Bouchard, una tenista de personalidad expansiva, que no trasluce dudas sobre sí misma, Kvitova se reivindicó, con 24 años, como una de las jugadores de referencia en el circuito.
La checa es una de las más brillantes alumnas de la escuela de Prostejov, la misma donde entrenan sus compatriotas Tomas Berdych y Lucie Safarova, de la que ha salido con un estilo de juego plano y agresivo, con gran variedad de golpes que ejecuta con precisión y potencia.
La joven tenista contrarresta su falta de velocidad con su fuerza para cruzar bolas desde el fondo de la pista y, sobre todo, con su capacidad para asumir riesgos en el saque, tanto en el primer como en el segundo servicio.
La checa ganó el primero de sus 12 títulos individuales en 2009 (Hobart), pero su carrera estalló realmente en 2011, cuando conquistó cinco títulos, uno de ellos Wimbledon, el que cambió su vida y añadió sobre ella una presión por ganar que la ha frenado más que muchas de sus rivales.
Kvitova, hija de los checos Jiri y Pavla, nacida en la pequeña localidad de Bílovec, de apenas 8 mil habitantes, vuelve a llegar a lo más alto en el Grand Slam londinense.
Su padre, profesor, fue quien le introdujo en el mundo del tenis cuando era una niña. Con Navratilova siempre en su retina, Kvitova jugó a nivel local hasta los 16 años, cuando un instructor le animó a tratar de alcanzar un nivel profesional.
Kvitova, de un metro y ochenta y dos centímetros de altura, y 70 kilos de peso, habla checo con su familia, domina el inglés y mantiene algunas nociones del ruso que aprendió en el colegio.

Londres/EFE

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