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La primera pregunta de 2009 y las preguntas al Coyote

Francisco Villalobos

Bien, ganó Obama, comienza a acelerarse el camino hacia la recesión de Estados Unidos y habrá seguramente una fuerte disminución del consumo y una sensible pérdida de empleos que definirá igualmente una reducción del empleo en Costa Rica. Jorge Guardia nos dará una charla la próxima semana sobre el tema. Ya veremos, por ahora, cuide el cinco y pregúntese bien si ese gasto que iba a hacer es tan necesario como lo creía, pero no escatime en sus generadores de ingreso o en sus multiplicadores de ahorro. Esa, la primera pregunta para 2009, porque la vida es un constante ir y venir de preguntas y respuestas. En materia tributaria tenemos un instituto que posibilita hacer preguntas a la Administración Tributaria, y obtener respuestas vinculantes para quien las haga. O sea, preguntarle a la DGT es algo muy serio, pues la respuesta es muy importante y define cuestiones a futuro y afecta inclusive nuestro pasado. Es como preguntarle a una chica, si se viene a vivir con uno. El futuro, ante tal pregunta, cambia irreversiblemente. Códigos entonces para preguntar: antes de preguntar, hable con otros novios a ver cuál es la respuesta usual de la chica ante tal pregunta: para eso hay unos consultores, que son como los curas de los novios indecisos. Luego, entienda bien cuáles son las consecuencias de sus actos. Cuando la chica viva con usted, ya no habrá espacio para otras chicas en su casa, y las cosas de la chica, devienen cosas suyas también. Ahora, pregúntese cuán necesario es preguntar. Los curas siempre le vamos a aconsejar que pregunte, porque eso sigue de alguna manera justificando nuestra existencia como curas —y claro, nuestros honorarios—. Por último, sepa preguntar: una mala pregunta implica una mala respuesta. Les cuento un cuento: una empresa pregunta si la compra de un software en el exterior, convencida de su tratamiento como activo, no conllevaba impuesto de remesas al exterior y una vez registrado el activo en libros, podía amortizarle. Por no saber preguntar —porque se puso a hablar de propiedad intelectual, derechos de autor y esas cosas complicadas, como el novio que para obtener un sí ofrece hasta lo que no tiene— le dijeron “sí, es un activo”, pero es intangible de los que no se amortizan, como quien compra una patente o un derecho de llave. O sea, perdió todo el gasto. Igual le pasó a una empresa que quiso deducir pérdidas por un proyecto de construcción cuando su actividad principal —definida por la empresa misma— no era la construcción sino el comercio. Se quedó sin poder aprovechar pérdidas por $2 millones. ¿Qué les parece? No saber preguntar es terrible, y lo es más preguntar cuando no se debe preguntar. Los oficios en mención, por si los quieren ustedes ver son el 743 - 2006 y el 2602 - 2004. ¿Va a usted a pedir algo en estos días? Piense bien a quién se lo pide, cómo lo pide y qué pasaría si le dicen que no, o lo peor, si le dicen que sí.

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