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Miércoles 7 Enero, 2009

La política exterior de Obama y América Latina


La política exterior del presidente Obama estará marcada por varios hechos relevantes que demandarán la atención preferencial de su administración en los próximos años, pero en sus inicios, será una continuación de la agenda heredada de su antecesor George W. Bush, con una política en la que el wilsoniamismo-realista y la doctrina de la guerra preventiva tendrán cabida como lo señaló el mismo presidente en su artículo de agosto 2007 publicado en Foreign Affairs.
Por otra parte, está claro que el equipo de Barack Obama no puede satisfacer todas las esperanzas que se han depositado en la nueva Administración, por lo que tiene que establecer sus prioridades: no puede ocuparse de todos los males de la sociedad internacional actual.
Una nueva política exterior tendrá entonces que esperar algún tiempo, pues la atención de la crisis financiera interna y su impacto en la economía estadounidense y mundial, así como el creciente desempleo concentrarán los mayores esfuerzos para poner la casa en orden durante 2009.
La economía exige una atención inmediata y sostenida: dedicar gran parte de sus energías al rescate y la recuperación de la economía estadounidense y sus redes financieras y comerciales en todo el mundo. Sin embargo, Washington no puede concentrarse solo en los asuntos económicos, porque debe prestar simultáneamente mucha atención a la política mundial y los asuntos estratégicos y militares. En particular a las relaciones con China y Rusia; la inestabilidad en Irak, el traslado de más tropas a Afganistán para combatir a la guerrilla talibana, la inestabilidad de Pakistán y su poca confiabilidad como aliado estratégico; la situación en el Medio Oriente Medio y el enriquecimiento de uranio en Corea del Norte e Irán que deviene en la fabricación de armas nucleares.
Entretanto, la Administración ha demostrado su especial interés en dedicarse a la promoción de los derechos humanos, combatir las masacres en algunos países africanos, y procurar el respeto de los derechos de los trabajadores y atención especializada a la problemática medioambiental.
Como consecuencia, si el plan nacional de recuperación socioeconómica, la economía mundial y la geopolítica de las grandes potencias ocupan el centro de la Administración Obama, Africa, Latinoamérica, Europa y la ONU, quedan relegadas a un segundo plano. América Latina permanecerá como una región de interés medio o bajo en la agenda estadounidense, aunque habrá mayor dedicación a unos países que a otros, y podría hasta existir algún cambio de política respecto a Cuba, México y Brasil. El mejoramiento de las relaciones con la isla caribeña puede llevar a suavizar las condiciones del embargo, dejando sin efecto algunas de las restricciones impuestas a los cubanos para visitar la isla o enviar remesas a sus familiares.
Sin embargo, el mayor interés del gobierno Obama se centra en convertir a Brasil, en su mejor socio hemisférico, para aprovechar las oportunidades económicas y comerciales de este país, su creciente poderío energético y político. Se espera que Brasil, como potencia emergente, madura, con responsabilidades políticas internacionales crecientes, colabore con Estados Unidos, en asegurar la seguridad hemisférica y la prosperidad en el continente, a la vez que sirva de contrapeso a las veleidades políticas y de otras naciones sudamericanas de izquierda.
Colombia, posiblemente vea reducida la importancia que le dedicó la Administración Bush, aunque en parte, la reducción de la ayuda exterior se debe a las dificultades financieras que afrontan Estados Unidos, en tanto que la aprobación del Tratado de Libre Comercio deberá esperar hasta una segunda administración Obama.
A Hugo Chávez, simplemente se le ignorará manteniendo una prudente distancia con él, de tal manera que este resuelva sus problemas solo, y que la reducción de los precios del petróleo le ocasionen problemas internos que puedan eventualmente significar el descontento de los venezolanos y su caída. En cuanto a México, continuará recibiendo el respaldo norteamericano en su lucha contra los carteles de la droga y el crimen organizado
El presidente Obama posiblemente cambie el tono y el estilo de la diplomacia hacia otras naciones sudamericanas, y utilice enfoques consultativos y multilaterales regionales para confrontar los desafíos que presentan Bolivia, Ecuador y Argentina, pero desde una óptica individualizada de las variaciones políticas y económicas que presentan cada una de estas naciones.
En cuanto concierne a América Central, vigente el Tratado de Libre Comercio, se da por descontado que estos países no presentan mayor problema, por consiguiente, excepto alguna que otra bravuconada de Daniel Ortega en Nicaragua no hay mucho de que preocuparse.
Por tanto, el rescate de la economía estadounidense y la preservación del orden geopolítico serán las dos grandes prioridades de la primera Administración del presidente Obama, el resto del mundo y los latinoamericanos en particular, deberemos esperar mejores tiempos en una eventual segunda Administración.


Ricardo Varela
Analista internacional