La nave a Marte
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La nave a Marte

Francisco Villalobos

En estas dos últimas semanas se nos ha llenado la canasta con temas fiscales. Uno que llama poderosamente la atención es la acusación formal a un ex director de Tributación por la responsabilidad penal en que presuntamente pudo haber incurrido al avalar una fórmula para el cálculo de la base imponible en el impuesto de renta de los bancos. Bueno, creo que hacen bien las autoridades en preguntarse cómo una fórmula (la avalada por el ex funcionario hacendario) hizo que los bancos pagaran 1.500 millones contra los 80 mil millones que hoy adeudan, al aplicar otra fórmula distinta a la que avaló en su momento el hoy encartado. Me parece que es correcto hacerle esa pregunta al Fiscal y que sea en el proceso de una investigación judicial que se defina si hubo un error que nos costó a todos (incluyendo a los bancos) muchos miles de millones de colones. Ese error, como no lo cometió mi abuelo que era pulpero y no financista, lo cometió una persona con claro entendimiento del negocio bancario, debe acarrear necesariamente responsabilidades. Hace bien a la democracia que los funcionarios se responsabilicen por sus actos y que respondan con su patrimonio, con su buen nombre y con sus propios recursos cuando por los motivos que sean, se les cuestione. En este país los funcionarios están acostumbrados a construir expedientes de exculpación y buscar chivos expiatorios cuando se equivocan, como con la consulta a las poblaciones indígenas. Ya que se avecina nuestra campaña electoral, yo espero que los precandidatos hayan estado pendientes del desarrollo de la campaña electoral en Estados Unidos, pues trata de eso que a los políticos no les gusta en campaña pero sí en el gobierno: los impuestos. Es obvio que la campaña esté centrada en el tema de la economía y es obvio entonces que esté centrada en reactivación de la producción y gasto público. Reactivación de la producción, pues ambos bandos coinciden en que hay que generar nuevos empleos, ayudar a la gente a conservar sus casas, a mejorar su acceso a servicios médicos e invertir en una política pública de independencia energética que a su vez sea el motor principal que impulse la economía gringa (y con ella, la nuestra). Ambos bandos sin embargo, difieren en el cómo lograrlo cuando abordan el punto medular de la discusión económica: cómo hacerse de fondos (impuestos) y cómo gastarlos (presupuesto) reactivando a la vez la alicaída economía. Los dos debates presidenciales han tenido un fuerte contenido fiscal. Los dos candidatos dicen que bajarán los impuestos (sospechoso) y que reactivarán la economía (esperemos). McCain acude a revisar línea por línea el presupuesto, bajar los impuestos de todos (imposible) y dar créditos fiscales para la seguridad social. Obama plantea bajar los impuestos de la clase media (pero tendría que subir el marginal corporativo y cambiar el Subpart F del Código actual) pero también quiere gastarse $15 billones por año en los próximos diez años para solventar el problema energético. De ganar los Demócratas, los ciudadanos y empresas de Estados Unidos con dividendos sin repatriar, tendrán que apurarse a preparar sus naves espaciales para enviar de vuelta su dinero a Estados Unidos a un costo relativamente bajo (15%) o prepararse a pagar más del 35%. Si ninguna de estas dos opciones es viable, hay otra nave que pueden tomar: la que está preparándose para viajar a Marte, pero no va a estar lista antes de las elecciones. En la próxima columna hablaremos de María José y de quién se dejó la plata de nuestros mensajes, por si don Francisco Fonseca quiere revisar si pagó sus impuestos.
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