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Martes, 13 de noviembre de 2018



COLUMNISTAS


La justicia y no al olvido

Macarena Barahona [email protected] | Jueves 28 febrero, 2008


Cantera
La justicia y no al olvido

Macarena Barahona

Hace 60 años las familias costarricenses, los hombres y mujeres que hicieron de la política su diario vivir, se encontraban en los tristes días de la inminente guerra civil; para entonces, por razones ideológicas y la suma de la violencia manifestada en los diferentes episodios que se conformaron, se encontraban en el umbral de los hechos más violentos de la guerra civil.
Como toda guerra y enfrentamiento militar la intransigencia, la prepotencia y la crueldad es lo que se abandera en cualquier parte del mundo, no como hechos heroicos de defensa civil sino como lamentables sucesos humanos que resuelven con sangre y castigo a heridos y vencidos lo que no supieron resolver en los espacios políticos o sociales que tenemos en la vida humana.
Así que rememorar la guerra civil debe ser un ejercicio de recordar lo que no se conmemora. Los muertos que aun sin nombre y en olvidadas tumbas no descansan como es debido.
Debemos recordar los sitios donde fueron las más crueles batallas, como en San Isidro de El General, en su parque, donde en la remodelación quitaron las huellas históricas que en honor de los fallecidos se encontraban. O en El Tejar de Cartago, donde murieron tantos jóvenes en esa funesta matazón convertida en gloria para unos y tumba para otros.
Razón lleva el embajador de España don Arturo Reig Tapia, en su articulo de Opinión publicado hace unos días en la prensa nacional “Sobre mártires y presidentes sofistas”, defendiendo al presidente de España, José Luis Zapatero, sobre la Ley de memoria histórica, para investigar la Guerra Civil y rehabilitar a las víctimas. “Y los humillados y ofendidos en un país democrático merecen una justa reparación”.
Su artículo, a propósito de dos comentarios que critican esta ley, nos hace a la vez reflexionar sobre la conducta de nuestra sociedad, en cuanto a la tendencia casi frívola de olvidar todo, y jugar en nuestra débil memoria de que aquí no ha pasado nada, como las víctimas de agresión, que tiemblan de miedo y mienten y mienten en el vano intento de transformar lo vivido, lo temido, la violencia, mediante la negación y negación.
Así, sin comparar, se impone la necesidad de investigar y correctamente atender a víctimas y humillados, a vencedores abusivos y crueles, a reparar honor y destierros, a recuperar propiedades indebidamente cooptadas, despidos, cárceles y emigraciones forzadas; nos empeñamos en saludar los violentos recuerdos como malos sueños, con el peligro de que no aprendemos de lo vivido como sociedad, y que la prepotencia y la intransigencia son pasos altaneros que llevan a sordos líderes a encaminar los odios y las manifestaciones, en hechos violentos.
El verdadero reposo de las víctimas, en cualquier sociedad, es la justicia y no el olvido.