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Viernes, 16 de noviembre de 2018



COLUMNISTAS


La finca sigue encharralada

Leiner Vargas [email protected] | Martes 19 septiembre, 2017


Reflexiones

La finca sigue encharralada

Las frases populares de nuestro presidente han marcado momentos importantes en su gobierno. Seguramente todos nos acordaremos de sus frases de campaña, tales como, “conózcame” o la ya célebre “Con Costa Rica no se juega”. Sin embargo, la que mayor impacto tuvo en la ciudadanía durante su primer año de gobierno fue la metáfora sobre la situación del país, frase que será sin duda alguna recordada por las implicaciones políticas que reflejaba. Se trata del argumento hecho en mitad de 2014 que decía “la finca está encharralada”. Una frase difícil de rebatir, claro no nos permitía saber, qué tan alto era el charral, qué tan denso y difícil sería cortarlo o, peor, si el charral se cortaba y volvería a nacer otro, como sucede cada año con la maleza a la orilla del camino, de quién sería la culpa.

La finca refería al país de Costa Rica, el charral se relacionaba con la situación de corrupción, desorden, incompetencia e incapacidad para tomar decisiones que, según el presidente Solís, habían marcado la administración anterior. Así las cosas, la promesa a la ciudadanía era que se cortaría el charral, se limpiaría la finca y se pondría a producir. Para lo anterior había que tener la mejor gente, el mejor equipo, gente probada, honesta y capaz. Sin embargo, con el paso de los meses y los crecientes desaciertos que lo han acompañado en su gestión, el presidente Solís se ha enredado en sus propios argumentos y como decimos en el campo, “tendió su propia tumba”.

Buena parte de los resultados obtenidos en obras, muchas de ellas criticadas en campaña, han sido producto de los proyectos que ya estaban iniciados y planeados por la administración anterior al comenzar la gestión. La inexperiencia o incapacidad de lo que en su momento fue conocido como “el mejor equipo para gobernar” fue deteriorando el capital político de la administración. Así las cosas, las promesas de mejora en la infraestructura y de reformas al MOPT se esfumaron tan pronto empezaron a relucir las decisiones importantes. El tren se estrelló, una vez más entre la incompetencia y la falta de compromiso político con el proyecto. Sumamos entonces eventos que deterioraron la imagen del presidente en Cultura, Vivienda, Política Exterior y claro, más recientemente en la CCSS, el Banco Crédito Agrícola de Cartago y finalmente, en el Banco de Costa Rica. Este último hecho es el que más daño les hace a la democracia y a la imagen del gobierno, dado que se pone en entredicho el tesoro de mayor valía en el discurso político utilizado por la administración Solís Rivera, su bandera por la transparencia y la honestidad en la función publica.

“La finca, señor Presidente, sigue encharralada”, para utilizar la frase que usted argumentó como explicación al iniciar su mandato. Seguramente, usted ha utilizado capataces incorrectos y seguramente, no han tenido la mejor suerte con las herramientas para cortar el charral. Algunos de sus peones se han ido, otros han sido flojos y holgazanes, para otros el charal no existe o simplemente no les importa. Lo cierto es que usted nos deja el país más endeudado y al borde de una crisis fiscal, usted nos ha dejado una tasa de desempleo similar a la que recibió, usted nos deja el país con un par de puentes nuevos, pero empolvado y con olor a cemento chino por todos lados. Usted, señor Presidente, ha sido incapaz de desatar los nudos de la ingobernabilidad del país, a pesar de todas sus clases magistrales de diagnóstico y evaluación sobre ella. Algunos hoy dirán que el tamaño y densidad del charral ha aumentado, no faltara quien asuma que la solución es prenderle fuego y quemarlo. Es difícil construir democracia si no se gobierna con honestidad y transparencia, la casa de cristal que usted nos prometió no solo debe lucir transparente hacia afuera, debe lucirlo y serlo también hacia adentro. El país ya está cansado del doble discurso, la doble moral, las posiciones políticas oportunistas y claro, el ciudadano común sigue siendo la víctima de una forma no tradicional pero muy tradicional de hacer política. Es por eso que su más acérrimo rival ha sido el diputado de su propio partido Solís Fallas, que a pesar de todo, ha sido el más consistente y claro.

Estamos a un par de semanas de iniciar el debate electoral y quizás la mayor demanda de los ciudadanos para quienes aspiren a la elección que se aproxima es la consistencia entre el discurso y la práctica. Requerimos además un gobierno honesto, un gobierno efectivo, que nos diga ¿qué quiere hacer? ¿Cómo lo va a lograr? ¿De dónde se va a financiar? Ya no se compran espejos ni la voluntad de un país con cimarrona y payasada, se debe decir con claridad el rumbo a seguir, lo malo, lo bueno y lo feo y ser consistentes, transparentes y efectivos; de lo contrario, el charal seguirá creciendo y la finca perdiendo valor.

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