Carlos Camacho Córdoba

Carlos Camacho Córdoba

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Martes 30 Enero, 2018

La economía, por favor

Esta es mi última columna antes de las elecciones costarricenses; me parece oportuno, sin tomar partido, hacer un llamado a lo fundamental. Esto es, provocar la conciencia de que la elección no debe ser una discusión como se ha tornado desgraciadamente, donde la prioridad sean agendas paralelas al centro de atención mas importante que es cómo y con qué equipo llevará la próxima administración a Costa Rica, fuera de la zona de aletargamiento económico, que ha manifestado con criminalidad, muerte y flagelo del desempleo, lo que ocurre cuando se dejan de lado las acciones urgentes e importantes como lo son las de propiciar la confianza necesaria tanto en el sector interno como externo de los inversionistas para que sean estos quienes mediante la inversión productiva generen nuevos medios de riqueza incremental, nuevo empleo, que a la vez aumente la capacidad de consumo de los costarricenses y estos a su vez, de la manera sana y sostenible por medio de una carga tributaria moderna, pasando del actual sistema anacrónico de gravar las ventas y las rentas de la forma que esta fuera el contexto de la realidad, mejoren las finanzas del Estado.

También vale la pena que prestemos atención a dos elementos noticiosos recientes en los lectores sofisticados del mercado; por un lado, la agencia calificadora Fitch, que indica que los chances de mejora de la calificación país, solo se pueden lograr con una reforma fiscal integral e inmediata. No más postergación al redimensionamiento del gasto público, ni menos aún a la modernización del sistema tributario y la administración de los tributos, gran protagonista del nihilismo que padece el país en esta materia.

A la vez la caída de los bonos de deuda de Costa Rica, resultado de la incertidumbre en la nebulosa de la elección, solo es signo de cuál debe ser la guía de no voto, el voto no puede ir a la agenda monotemática de nadie, sea está acorde o no con la profesión de principios y valores de cada quien. El aumento del riesgo, no solo de la percepción del mismo, lo estamos viendo reflejado no solo en la caída internacional de los precios de nuestra deuda externa, sino que también, en las acciones desesperadas de Hacienda por una colocación de ventanilla para cerrar el gran faltante de recursos que tiene el Estado hoy. Cuando la cifra del déficit se ubica en el orden del 6,6% del PIB, están ocurriendo dos fenómenos de difícil separación: en primera instancia el valor absoluto del faltante está aumentando y como consecuencia de la recientemente reconocida, pero evidente recesión en la economía real, los valores del producto interno bruto están cayendo, estamos en sala de cuidados intensivos, no podemos pegarle un susto al paciente, se nos puede morir del mero susto y no de todos los padecimientos que en realidad le aquejan.

Es momento de meditar sobre las consecuencias de elegir un partido sin equipo, estamos al final de un experimento social de protesta consumado en las urnas hace cuatro años, donde la administración Solís, es en esta materia no solo estéril en acciones de remediación, sino un claro ejemplo de qué ocurre cuando el poder cae en manos de quien no está preparado para ejercerlo, así como cuando no cuenta con un equipo experimentado. Ya está demostrado con los últimos hechos de corrupción flagrante también, que esta no es monopolio de un partido, pues quien llegó al poder bajo las promesas de limpiar la corrupción ha sido elocuente en su incapacidad de lograrlo, así como de haber sido presa fácil de la seducción del pecado del poder por el poder mismo.

Esta elección es fundamental para Costa Rica, para definir, si logramos salir del aletargamiento económico, la incertidumbre de reglas y pactamos un marco de acción para la concertación nacional de los grandes temas.

Sabemos que no es mucho lo que se puede hacer desde Casa Presidencial sin contar con una representación significativa en la Asamblea Legislativa, esto nos llama a la reflexión de depositar en las urnas de manera consistente nuestro voto al candidato a presidente, con sus compañeros de fórmula en el Congreso. La democracia se entiende mal cuando se mira como la partición del voto, ya que esta acción traerá como consecuencia la partición misma de la posibilidad real de acuerdos nacionales que vienen creando una gran deuda económica y social.

El uso responsable de la libertad llama a que nadie se quede sin ejercer ese derecho de voto, para quienes lo disfrutamos como derecho, no queremos tener que luchar de nuevo por rescatarlo, la apatía es una de las enfermedades sociales más peligrosas de la era moderna en especial, cuando a la toma de decisiones como pueblo libre se refiere. No son necesarias manifestaciones externas, no es tiempo de jolgorios o festines electoreros, es la hora de votar, con el corazón, la mente y la de ser entero por una mejor Costa Rica en su sentido más amplio.

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