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Viernes, 16 de noviembre de 2018



COLUMNISTAS


La Casa de Papel y los techos de cristal

Natiuska Traña [email protected] | Miércoles 25 abril, 2018


La Casa de Papel y los techos de cristal

¿Cuántos se han sentado a ver la Casa de Papel en Netflix de manera ininterrumpida hasta que se caen dormidos? Y sí, al día siguiente el café será el mejor amigo para continuar con las labores diarias. Pero la pregunta más importante debe ser: ¿Por qué quedamos atrapados por una serie de un atraco a la Casa de la Moneda y terminamos identificados con los maleantes y atracadores? Esto, señoras y señores, no es más que una apología del delito. Terminamos justificando en la serie el robo y consideramos que las acciones de los enmascarados de Dalí son justificables.

Las democracias latinoamericanas están cayendo en la idea de oposición directa a la autoridad, al orden establecido que ya no responde a la exigencia de satisfacer las necesidades del pueblo. Los gobiernos dejaron de pensar en el pueblo y la mayor evidencia es la crisis financiera, a la cual se enfrentan más y más personas por las malas decisiones de sus gobernantes y la mala administración de los fondos públicos que son de todos.

¡Bella Ciao! La resistencia vino para quedarse. El ataque directo es a los “elefantes blancos” al institucionalismo que nació para poder suplir las necesidades económicas, de salud, de infraestructura que ya no hacen nada por sus ciudadanos, que están siendo desangrados día con día para el bienestar de unos cuantos.

El secreto de la serie es atacar específicamente una institución que no afecte en apariencia a los ciudadanos, pues no están robando ahorros de las personas, sino que están imprimiendo su propio dinero. Porque no quieren perjudicar a los demás tal y como lo hacen día con día las instituciones del Estado, tanto que los mismos rehenes se identifican con el saqueo porque también están cansados de la reprensión que tiene ese institucionalismo. Existe una igualdad ejemplificada con las máscaras y el jumper rojo de los miembros que hace que desaparezcan las diferencias entre los ladrones y los robados, porque el único enemigo es el institucionalismo, el orden económico existente.

Una de las conclusiones a las que aborda la serie, en la que coinciden los sujetos es la necesidad de libertad y dinero. Lo que hace caer en la diferenciación de un “nosotros” contra un “ellos”, sin embargo la moralidad de los atracadores parte de la premisa de “sin violencia y sin muerte”, porque todos son de los mismos. Tanto que son los mismos policías (guardianes del sistema) los que matan y atacan a los “defensores de la igualdad”, los que quieren que el sistema cambie convirtiéndose en resistencia.

No debemos olvidar que es ficción, que es una serie que nos entrega horas de entretenimiento y que exacerba lo que muchos en el fondo hasta cierto grado exponemos todos los días en nuestras redes sociales, una insatisfacción contra el gobierno, con las decisiones que toman los representantes y un pueblo cada vez más dolido que no teme a tomar la solución en sus manos y por la fuerza.

Es triste ver la situación en otros países, que han sido golpeados con un régimen represivo de libertades, los ha hecho recurrir a la fuerza cuando dejaron de ver más opciones. Estamos en un momento donde debemos solidarizarnos y tomar con seriedad hasta dónde puede llegar un pueblo que ya no soporta el abuso y la irresponsabilidad de sus mandatarios. Ojalá siempre prime la paz, el diálogo a la hora de solucionar los conflictos para hacernos un mejor país, no vaya a ser que en un momento ante las más grandes inequidades nos vayamos a sentir como ciudadanos con el derecho de atacar el institucionalismo a toda costa y tomar la justicia en nuestras manos. Es un deber de este gobierno y de todos los que vengan, luchar por la transparencia y dejar de vernos la cara de idiotas, no vaya a ser que en algún momento salga un grupo de enmascarados que de repente nos dejen claro que el país se nos fue de las manos.