Alejandro Madrigal

Alejandro Madrigal

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Viernes 8 Abril, 2016

 Así como los salarios del sector público son un asunto de todos, también lo son los ingresos de quienes más lucran y acumulan en el país

Justicia tributaria a manos del periodismo


Esta semana se dio una de las mayores filtraciones documentales en la historia, los sonados Panama Papers. ¿Qué simboliza o significa una filtración de este tipo? Mucho ha sido el debate sobre la legalidad de los actos ahí plasmados y sobre los nombres de esas personas. Muchas son las aristas también y acá, desde mi óptica, explico algunas de ellas:
Las finanzas públicas y el sistema tributario de nuestro país, y de muchos otros, son un desastre. En este país queremos una eficiencia y un gasto como el de Suecia, pero tributamos peor que en Guatemala. Los que más tienen, son los que menos tributan, y el Gobierno termina generando mayores cargas en los injustos impuestos indirectos, por urgencia y simplicidad. Evadir es extremadamente fácil y nuestras leyes hacen la vista gorda a la hora de gravar el capital y los ingresos más altos.
Los paraísos fiscales son ruinosos y su existencia afecta las economías de todo el mundo. Los esfuerzos por colocar sumas enormes en estos lugares son innumerables y este esfuerzo periodístico logró dar con uno de ellos, uno bastante grande. Un aplauso para quienes lograron descubrir un nido de corrupción tan gigantesco, porque desde hace décadas es tiempo de hablar sobre las tremendas disparidades en los niveles de vida e ingreso que hay en nuestras economías y lo injusto e inmoral que es vivir en un mundo así.


Así como los salarios del sector público son un asunto de todos, también lo son los ingresos de quienes más lucran y acumulan en el país. Eso se llama democracia, y no se vale hacer un alboroto por salarios de 2 millones de colones mensuales, cuando empresarios que ganan eso en un día colocan sus cuantiosos ahorros en una cuenta en las Islas Caimán. Porque todos tenemos un deber para con el país.
Es absurdo que quienes más se quejan de la ineficiencia y dificultades en el aparato gubernamental, sean quienes más evaden su responsabilidad con la sociedad y con el país, bajo el discutible argumento de que es el dinero que se han ganado con el sudor de su frente. No. Nuestra economía y nuestra sociedad tienen cientos de imperfecciones que hacen que dos personas que trabajen y se esfuercen lo mismo posean ingresos increíblemente desiguales: ya sea por las oportunidades que ha recibido, por su educación, por sus herencias o hasta por suerte. Muchas factores más allá de nuestro trabajo premian injustamente o castigan nuestro ingreso a niveles de desigualdad intolerables.
Y el cinismo de las personas implicadas no conoce límites. Diputados conocidos la han emprendido contra ese periodismo responsable e investigativo y se han arrojado más motivos para justificar la evasión de impuestos, abandonando toda responsabilidad social con el país en el que vivimos.
Acumular miles y miles, millones y millones, a toda costa, o todo costo, tener más, más y más, y esconderlo de las “malignas” manos del gobierno se ha vuelto una forma de vida para unos pocos a los que el sistema económico excesivamente permisivo en el que vivimos hoy los ha favorecido en primero lugar. Ya no importa quién muere de hambre, quien no tiene techo, o si en mi pequeño país hay un millón de personas pobres, lo importante ha sido cuántos cientos de miles tenemos en cuentas bancarias, qué carro compraré cada año, o cuántos viajes haré. Un nivel de vida excesivo e innecesario que enajena, como si algo de lo que tenemos nos lo pudiéramos llevar después de la muerte.

Alejandro Madrigal