Alvaro Madrigal

Alvaro Madrigal

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Sábado 13 Diciembre, 2008

De cal y de arena
Jodida sí, agradecida no

Alvaro Madrigal

La agricultura no exportadora anda de capa caída por la ausencia de políticas de gobierno inteligentemente estructuradas para estimularla. Por su desamparo, ha caído su participación en la economía global con incidencia directa en lo social y lo político. La producción de arroz, frijoles y maíz (sus principales componentes) ha venido perdiendo ímpetu en área de cultivo y volumen de producción: en 1999 representaban el 25,3% de la superficie cultivada y en 2007 el 17,9%, y están en la lista de alimentos que el país debe importar. En 2007 el sector agrícola creció un 7,1%, lo que se explica por el banano y la piña, ahí presentes en un 71%. Hoy nos espantamos, por supuesto, con las adversas condiciones climáticas que azotan el agro. Pero al lado de esta aflictiva coyuntura, el tema central debe ser “la necesidad de revisar las políticas agrícolas nacionales, venidas a menos desde hace más de dos décadas”, como lo advierte el último Informe del Estado de la Nación.

No se trata de confrontar al sector agro exportador con el sector agrícola no exportador. Ni se trata de rivalizar porque uno aporta más al producto interno bruto que el otro, ni de privilegiar al que tiene mayor significado para una más justa distribución de la propiedad y de la riqueza, o para la consolidación de la democracia. De no ser así, estaríamos preguntándonos si la sociedad costarricense admitiría una estructura productiva en la que no haya bananos y sí leche, o al revés. Y no es ese el tema. Sí es tema para debatir y razón para exigir, en cambio, que haya políticas gubernamentales dirigidas a estimular tanto a uno como a otro sector agrícola. No las hay y la ampulosa administración Arias no puede mostrar haber catapultado la producción agropecuaria interna. Lo que se evidencia es una astenia casi total, una virtual orfandad, que ha hecho más gravosas las consecuencias del cambio climático y más asfixiantes los efectos de una crisis económica internacional ante los cuales el gobierno debió articular las políticas encaminadas a paliarlos. Los grupos de presión organizados tras la agricultura de exportación gozan del amparo del gobierno de Arias a la hora de aliviar sus cuitas y procurar políticas compensatorias. Pero al sector agropecuario de ámbito local lo ha dejado valido por sí solo, cantando sin guitarra a pesar de la exuberancia verbal de las campañas mediáticas oficiales.

En ese contexto no tiene nada de extraño que el Ministro de Economía le presente al presidente Arias, como un trofeo, la negociación que congela el precio de la leche fluida de bajo contenido graso y en empaque desechable, sin ocuparse de los factores que están lastrando la actividad lechera, como los oligopolios que dominan los fertilizantes y concentrados alimenticios, los caminos destruidos y la mala calidad del suministro de electricidad (lo de JASEC un desastre), y que a la larga podrían complicar la producción hasta de esa leche barata.