Nuria Marín

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Lunes 23 Agosto, 2010


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Iraq, ¿capítulo final?

Luego de más de siete años en tierras iraquíes, las tropas de combate estadounidenses se retiran de Iraq. Permanecerán sin embargo, 50 mil personas quienes se dedicarán exclusivamente al entrenamiento y capacitación de las fuerzas iraquíes.
Esta decisión si bien prometida en campaña por el hoy presidente de los Estados Unidos, Barack Obama, no deja de despertar preocupación pues sus consecuencias resultan inciertas.
Preocupa que la salida resulte prematura o bien haya manipulación política, tanto de demócratas y republicanos, dada la cercanía de las elecciones de medio período y la alta impopularidad de la permanencia en Iraq.
A ello se agrega las posibles consecuencias en noviembre de una volátil recuperación económica, los niveles de desempleo, el alto déficit y endeudamiento además del altísimo costo que significan Iraq y Afganistán sobre las maltrechas finanzas públicas.
En Iraq se han cometido tantos errores… No podemos menos que recordar la inadecuada vinculación de Saddam Hussein con Al Qaeda y el 11-S, la inexistencia de armas de destrucción masiva, la decisión unilateral de invasión separados del Consejo de Seguridad de la ONU, la pretensión de la democratización en Oriente Medio, etc.
Igual de prolíferos han sido los yerros en el manejo de la invasión y ocupación de Iraq como lo desnuda el libro “Cobra II” escrito por los especialistas militares, Michael R. Gordon y el General Bernard E. Trainor.
Destacan, la falta de preparación para la ocupación, tema incluso más complejo que la invasión, a la que se le dedican pocos meses y partió de informes de inteligencia inexactos, el que Washington pasará por alto recomendaciones técnicas y militares, y que los altos mandos pecaran por su incapacidad de reacción y adaptación a las inesperadas condiciones.
La misma obra señala dos decisiones que pudieron lamentablemente extender la permanencia de tropas en Iraq. La primera, desmantelar un ejército profesional y articulado que si bien estaba bajo el mando de Hussein no le era particularmente cercano ni incondicional.
La segunda, prohibir la contratación de funcionarios vinculados al Baaz, partido político de Hussein lo que significó perder la experiencia y conocimiento del personal con alto nivel militar iraquí.
Quienes tomaron ambas decisiones lo justificaron en considerarla como una mejor opción a largo plazo y de reconciliación nacional al incorporar a todos los grupos iraquíes pese al impacto de dejar sin empleo a 300 mil personas, perder un importante apoyo profesional, y tener que dedicar horas y esfuerzos a la conformación y entrenamiento de un nuevo ejército y fuerzas policiales.
Siete años después la historia demostrará quien tenía la razón… Por el pueblo iraquí, y por la seguridad en el Medio Oriente esperamos que el retiro de tropas sea el capítulo final de una triste página en la historia y que sean estos pasos certeros hacia la reconstrucción, fortalecimiento y paz de una nación.

Nuria Marín Raventós