Pedro Oller

Pedro Oller

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Martes 6 Marzo, 2012


Involucrarse

No sé si a todos les pasa, pero yo con más frecuencia me encuentro con gente que agobiada por la situación del país, se pregunta ¿qué más podemos hacer? Es gente común y corriente, como usted y yo. Gente que trabaja todos los días, unos más que otros. Es gente que tiene familia y que no se ve fuera de Costa Rica.
Los míos (los que me increpan ese reto de pensar cómo se puede contribuir más) no lo hacen motivados por un puesto, por dinero o por reconocimiento. Lo hacen porque les preocupa lo que el día a día nos depara en este país y lo incrementalmente difícil que se está volviendo ser costarricense.
Debería resultar innecesario un repaso, pero aprovecho el día de ayer nada más para ejemplarizar por primicias noticiosas: “El déficit más grande está en Costa Rica” decía LA REPUBLICA, “Empleados de CNP piden cuentas a Directiva” la Extra y “Corte disfrazó de dietas pagos ilegales a jubilados” en La Nación. Tres menciones, tres razones para entrar en un estado de profunda preocupación.
¿Qué está pasando en Costa Rica? Creo que el ciudadano común, como yo que no ostento ningún cargo público, no me aboco a las calles y tampoco confabulo con personalidades de la política nacional, no entiende en absoluto en qué momento el país se hizo lo que es y cómo se nos fue de las manos. Ese es el común denominador.
Costa Rica se nos fue de las manos. Se confabularon para que así fuera.
Lejos de discusiones histriónicas parapolíticas, hay quienes construyeron realidades distintas en su beneficio y hoy las disfrutan. Se aprovecharon del escándalo y del ruido. Construyeron castillos y se beneficiaron viviendo en ellos. Así, nos fregaron al resto sin percibirlo hasta ahora que se hace cada vez más evidente.
Ahí es donde estamos y por lo que no nos ubicamos. La bulla le ganó a la razón y así permearon perversos intereses en los cuatro poderes de la República. Vivimos el resultado. Vivimos una Costa Rica confusa y distante de nosotros. Un país que se debate entre poderes. Que se destiñe y se pierde.
Pensando en eso, aprovecho a dos uruguayos para hacer parámetros y ubicarnos.
Sanguinetti dijo que “Donde hay un costarricense, esté donde esté hay libertad.” Hoy a propósito de las circunstancias, rescato a otro uruguayo, Mario Benedetti: “No te quedes inmóvil, al borde del camino, (…) pero si, pese a todo, no puedes evitarlo y congelas el júbilo y quieres con desgana y te salvas ahora y te llenas de calma y reservas del mundo sólo un rincón tranquilo, y dejas caer los párpados, pesados como juicios y te secas sin labios y te duermes sin sueño y te piensas sin sangre y te juzgas sin tiempo y te quedas inmóvil al borde del camino y te salvas entonces, no te quedes conmigo”.

Pedro Oller