David Gutierrez

Enviar
Martes 11 Enero, 2011


¿Inteligencia policial?


La inteligencia policial tiene como fin la obtención de información que ayude al Estado a combatir el crimen. Es particularmente útil para luchar contra el crimen organizado, que suele ser perpetrado por organizaciones que cuentan con el apoyo de terceros, por medio de sobornos o extorsiones.
Aunque todos conocemos las limitaciones presupuestarias de nuestro país, es lamentable ver que hoy, como nunca antes, la ciudadanía está en manos de la delincuencia. El derecho de los costarricenses a tener seguridad personal para llevar una vida con calidad y sin amenazas a su patrimonio o integridad física, ha retrocedido de forma alarmante en los últimos años. Y no se trata de un asunto de percepción. Las estadísticas del Estado de la Nación son contundentes: la entrada neta de denuncias en materia penal en 2009 aumentó en un 31,6% en relación con el año anterior. De igual manera, la tendencia de aumento en la tasa de víctimas de homicidios pasó de 8,2 homicidios por 100 mil habitantes, en 2007, a 11,8 en 2009. Además, los robos a mano armada se incrementaron abrumadoramente al pasar de un 4% en 2006 a un 27% en 2009.
¿Por qué tanto aumento en la delincuencia en un país cuya economía ha crecido en esos años? ¿Por qué este incremento si en estos años la pobreza extrema ha disminuido?
Una muy razonable explicación está en el aumento del narcotráfico y el que cada vez más la droga se quede y use en nuestro país, que ya no solo sirve como “puente” sino como “bodega” de estupefacientes.
Otra posible explicación es que en Costa Rica los delincuentes se sienten cómodos, al encarar un débil aparato represivo, y un muy condescendiente aparato judicial sancionador.
Por otra parte, es urgente que se solucione con prontitud la falta de verdadera inteligencia policial en el país, ya que esto permitirá mejorar el control de la criminalidad.
Insisto, Costa Rica debería contar ya con un aparato de inteligencia policial de primer nivel. Sin embargo, los hechos parecieran probar que no la tenemos.
Basta tener una conversación con familiares, amigos o conocidos, para que surjan los mismos nombres de lugares en los que reiteradamente actúa el hampa para delinquir.
Repasemos algunas situaciones concretas: ¿Cuántas mujeres no han sido despojadas con violencia de sus bolsos en la rotonda de San Sebastián, en el semáforo de Escazú, los Hatillos, La Uruca y otros? ¿Cuántas personas no han sido asaltadas en las paradas de autobuses del Alto de las Palomas o de la Radial a Belén? ¿A cuántos han asaltado en el Parque La Amistad de Rohrmoser o en La Sabana? ¿Cuántas personas y conductores no han sido amenazados sobre la avenida 10, de calle 2 a calle 3? En esa avenida pululan los delincuentes, y los drogadictos amenazando con violencia para que los conductores les den una “propina”. Igualmente se sabe que Alajuelita, al igual que otros barrios y comunidades, está tomada por hampones extranjeros que regularmente amenazan a sus habitantes y no permiten siquiera que entren taxis a dejar a gente decente y trabajadora que vive ahí hace muchos años.
Estos son apenas unos ejemplos. Si tantos ciudadanos comunes y corrientes, sin experiencia policial, conocemos los lugares en los que regularmente actúan los delincuentes, ¿cómo es que la policía no refuerza la vigilancia en esos sectores? Peor aún, ¿será que la misma policía o sus aparatos de inteligencia no lo saben? O lo que sería aún más grave, ¿lo saben y no actúan?
Lo cierto es que cada día que pasa, la falta de la inteligencia policial de alto nivel se refleja en el incremento de estas dolorosas estadísticas, que más allá de los números cuestan vidas humanas, pérdida de bienes y ponen en peligroso riesgo la institucionalidad democrática.

David Gutiérrez
[email protected]