Luis Alberto Muñoz

Luis Alberto Muñoz

Enviar
Viernes 21 Mayo, 2010



Cuando los políticos dan razones para que se pierda la confianza en ellos, se produce un gran daño a la democracia

Insensibles diputados

El llamamiento para que la Presidenta ejerza el derecho de veto al aumento salarial de los diputados, que hice en esta columna la semana pasada, ya no es necesario.
El tema ha caído por su propio peso.
Tras su viaje por el Viejo Mundo, doña Laura debe evitar un enfrentamiento entre dos poderes de la democracia.
Especialmente en un momento donde lo que más se requiere ante los ciudadanos es cordura y entereza moral.
La iniciativa de los legisladores ha levantado una avalancha de indignación.
Un gran desacierto para la clase política.
Los reproches han colmado a los medios de comunicación, inclusive aquellos que apoyaron el aumento desde un inicio, pero luego entendieron que lo inmoral no es defendible por más astuto que pretenda ser el argumento.
Un tiro por la culata, evidente en el distanciamiento impreso entre editoriales y redactores.
La magnitud del yerro de los legisladores es grande, y habría que vivir en otro país para no darse cuenta de la metida de pata.
Algunos más humildes han recapacitado y empezaron a enfilarse entre quienes pretenden servir al país y no entre los que aún esperan poder servirse a sí mismos.
Ese autismo político es lo que más preocupa. Se supone que los diputados representan al pueblo, ¿cómo entonces no pueden entender la desaprobación generalizada?
Basta con salir a la calle, montarse en un bus, escuchar a la gente en los parques, tocar puertas, como lo hacían en la campaña, para darse cuenta del descrédito a la función pública que están provocando.
Precisamente, por este motivo, se requiere urgentemente que la Presidenta actúe a la altura, y con tono conciliador haga entrar en razón a su propio partido político, Liberación Nacional, que lidera la iniciativa.
Tal vez el bendito aumento no es lo que más molesta, sino la testarudez y ambición con que se aferran al alza.
Con tantos problemas urgentes, como la inseguridad, vivienda, hospitales, escuelas, carreteras, el desvelo de los diputados que aún luchan por su aumento es un grito de desprecio a la realidad.