Vilma Ibarra

Vilma Ibarra

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Miércoles 29 Abril, 2015

El FIA no “es solo” una parte del Ministerio de Cultura. Por un cuarto de siglo de existencia, el FIA ha sido “la” cara más visible (y la mejor) de Cultura

 


Hablando Claro

Inmensas tareas

Esta iba a ser mi columna entera sobre Cocorí y don Joaquín Gutiérrez, el más universal de nuestros escritores, pero como está visto que una semana sí y otra también nuestra capacidad de sorpresa es puesta a prueba por el Ejecutivo, no me queda más que externar mi anhelo de que no sea por la vía de la exclusión de obras literarias y artísticas que busquemos caminos de mejor convivencia, de aceptación y de reconocimiento pleno de los derechos de todos en nuestro pequeño pero complejo entramado social.
Es muy triste que frente a la realidad del racismo, la xenofobia, la homofobia y muchas otras formas odiosas de exclusión prevalecientes seamos incapaces de tejer más y mejores lazos de entendimiento.
Que nos resulte imposible avanzar tanto en legislación de contenido social como en actitudes y contenidos educativos. Triste que busquemos el frío en las cobijas, y en lugar de abordar de frente nuestras debilidades y mezquindades y provocar modernas políticas públicas, creamos que si eliminamos de una larga lista de 109 opciones literarias para niños de segundo ciclo de primaria a Cocorí, algo resolveríamos.
No nos engañemos. Lo único que logra la exclusión es más exclusión. Lo único que logra la negación es más negación. Y aunque no sea una censura explícita lo que se pretenda, lo único que lograría el pretendido veto es evadir realidades que debemos afrontar.
Dicho lo anterior, no puedo dejar de externar mi estupor no ya por la debacle del Festival Internacional de las Artes, lo cual ha hecho todo el mundo, sino por la forma inaceptable en que siguen manejando las crisis en el Ejecutivo. ¿Qué sucede con la elaboración de los mensajes? Qué pasa con la absoluta incapacidad para manejar un hilo discursivo coherente y mínimamente respetuoso para con la ciudadanía?
El FIA no “es solo” una parte del Ministerio de Cultura. Por un cuarto de siglo de existencia, el FIA ha sido “la” cara más visible (y la mejor) de Cultura. Ha sido nuestra vitrina. Hoy se ha convertido en una enorme vergüenza nacional. Y frente a la inconmensurable realidad de lo sucedido, el presidente Solís, lejos de mostrar empatía con la opinión pública y sancionar los hechos palmariamente inaceptables del desaguisado, argumenta que no es por la vía de la renuncia que se resolverá nada. Y entonces, nos preguntamos todos, ¿cómo es que se asumen las responsabilidades políticas?
Y claro, en el ambiente queda rondando una inmensa interrogante: ¿cómo podrán hacer los nuevos ministros de Presidencia y Comunicación para bregar en la inmensidad del océano de la incapacidad de gestión e incomunicación que los distintos feudos y archipiélagos de la Administración Solís Rivera siguen manteniendo y haciendo encallar el pesado barco de la gestión gubernamental ya de por sí plagada de complejidades? No me ayudes, compadre.


Vilma Ibarra