Roberto Dobles

Roberto Dobles

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Lunes 6 Noviembre, 2017

Infraestructura de transportes: desventaja y adversidad para unos y ventaja y fortuna para otros (II)

En gran medida, la gran falta de recursos que tiene el país es la causante, entre otras cosas, del preocupante y creciente déficit de infraestructura urbana e interurbana de transportes (carreteras, ferrocarriles, metros, tranvías, puertos, aeropuertos, etc.), tanto a nivel nacional como cantonal, lo cual genera una gran adversidad y una gran desventaja competitiva que inhibe fuertemente la capacidad de desarrollo del país.

No hay movilidad eléctrica, ni pública ni privada. El pequeño y limitado tren que tenemos, que tiene equipos viejos comprados de segunda mano y que transita por vías viejas y en mal estado, es intensivo en el consumo de diésel y en emisiones al ambiente. La obsoleta tecnología y los deplorables sistemas de gestión y de seguridad hacen que este pequeño tren sea además peligroso para los pasajeros, conductores y peatones, ya que frecuentemente se descarrilan, chocan contra vehículos y entre sí. En otras ocasiones atropellan a peatones. En otros países, este pequeño y primitivo tren no estaría operando en estas peligrosas condiciones. Metros y tranvías simplemente no existen.

Los estudios internacionales, como los del Foro Económico Mundial y de la OCDE, muestran que el país es uno de los peores en el mundo en este campo. Con respecto a la calidad de la red vial, por ejemplo, Costa Rica se posiciona entre los países peor ubicados en el mundo. Otros países con condiciones inferiores de desarrollo, como Malawi, Burundi y Sierra Leona en África, se ubican por encima de nosotros. Y en el continente americano, Costa Rica ocupa el puesto 20 de 22 países con las peores carreteras en el continente (solo superamos a Paraguay y a Haití).

Las carreteras nacionales y cantonales del país, que también reciben un escaso o nulo mantenimiento por falta de recursos, tienen poca capacidad, son antiguas y están colapsadas y en mal estado.

No hay recursos ni para reparar los daños ocasionados por los eventos climáticos. El Gobierno ya declaró que se encuentra sin dinero para pagar la reconstrucción de los daños causados por la reciente tormenta Nate.

Otros estudios, como los del Lanamme de la Universidad de Costa Rica, confirman esta grave situación y señalan además que existe una enorme vulnerabilidad climática.

Las necesidades de inversión para la adaptación al cambio climático de la raquítica y vieja infraestructura vial actual del país son de gran magnitud y se agregan a todas las crecientes necesidades de inversión en nueva infraestructura.

A la inversión para hacer reparaciones y para reducir la vulnerabilidad al cambio climático de la deficiente infraestructura actual hay que agregarle la necesaria y urgente inversión para desarrollar la verdadera infraestructura moderna urbana e interurbana con la capacidad y eficacia que el país necesita para su desarrollo y competitividad (carreteras, movilidad eléctrica, pasos elevados o subterráneos en las calles de las ciudades y ampliación de vías, ferrocarriles, metros, tranvías, etc.).

Si no hay suficientes recursos para reparar, mantener y reducir la vulnerabilidad climática de la insuficiente y antigua infraestructura actual, mucho menos hay recursos para desarrollar la nueva infraestructura multimodal de transporte urbana e interurbana con alta conectividad territorial y basada en la movilidad eléctrica que el país necesita, la cual es intensiva en capital.

Las opciones de alianzas público privadas y de concesiones son importantes pero no son suficientes para enfrentar todas las necesidades urbanas e interurbanas de infraestructura.

Las opciones de endeudamiento existen igualmente pero también están limitadas ya que el endeudamiento del país está llegando a niveles críticos e insostenibles. Para 2018, el Gobierno financiará el 44% del presupuesto nacional con más deuda, lo cual es muy serio. La opción endeudamiento externo requiere adicionalmente de una contrapartida nacional con cargo al presupuesto que a menudo no existe debido a la creciente carencia de recursos. Y el servicio de la deuda sigue creciendo y consumiendo la principal parte del presupuesto. Para 2018 consumirá el 32% del presupuesto. Todo esto aumentará a su vez el déficit fiscal y el endeudamiento nacional.

La deseada infraestructura de movilidad eléctrica urbana e interurbana es también intensiva en capital. Es importante señalar igualmente que para este tipo de infraestructura se requiere el desarrollo de una importante capacidad adicional de generación eléctrica, el cual es también intensivo en capital.

Y para fortalecer la movilidad eléctrica se necesita además que los precios de la electricidad sean competitivos internacionalmente. Pero los precios de la electricidad en el país no solamente son altos, sino que la tendencia es hacia un crecimiento acelerado. Basta con ver la desproporcionada solicitud de aumento de la electricidad del 19% que hizo recientemente el ICE a la Aresep.

Para que el desarrollo de una verdadera infraestructura multimodal moderna y eficaz de alta conectividad urbana e interurbana y de alta y ágil movilidad eléctrica sea posible, se requiere un flujo permanente de grandes cantidades de recursos financieros y que los costos de uso de la infraestructura y de la energía sean competitivos internacionalmente.

El tema del aseguramiento de la disponibilidad de recursos de forma permanente para el desarrollo continuo de un plan integral de la infraestructura que el país necesita ha sido un tema ausente en la mayoría de las propuestas, las cuales son de todas maneras limitadas y aisladas considerando las monumentales necesidades que tiene el país en este campo.

En la crítica situación financiera y fiscal que tiene el país, no es posible generar de manera continua toda la disponibilidad de las enormes cantidades de recursos que se necesitan con las fuentes de riqueza que actualmente existen en el país, por lo que es necesario generar nuevas fuentes de riqueza nacional que complementen a las existentes.

Entre los países que invierten continuamente en el desarrollo de una infraestructura multimodal de transporte amplia y moderna se encuentran aquellos que generan grandes cantidades de recursos fiscales y no fiscales a través del aprovechamiento pleno de toda su riqueza nacional, incluyendo la gran riqueza que genera y generará la producción de gas natural, petróleo o ambos durante la transición energética que ya está en proceso en muchos países.

Estos países son pequeños (Noruega, Dinamarca, Holanda, Israel, Catar, Emiratos Árabes Unidos, etc.), medianos (Australia, etc.) o grandes (EE.UU., Canadá, Reino Unido, China, etc.).

Con la gran cantidad de recursos obtenidos de esta importante riqueza nacional, muchos de estos países financian, entre otras cosas, las políticas para fortalecer el desarrollo de su infraestructura de transporte y de su transición energética (fortalecimiento del desarrollo de las energías renovables, movilidad eléctrica y eficiencia energética, entre otras acciones) y se han convertido en los países que más están avanzando en el mundo en ambos campos. Noruega es uno de estos países.

Una de las razones claves por las que estos países decidieron explorar y producir gas natural, petróleo o ambos fue para tener acceso a su gran riqueza nacional y poder obtenerlas grandes cantidades de recursos fiscales y no fiscales y de divisas que esta actividad genera y financiar así su desarrollo económico y social.

Y hacen lo anterior para invertir en todo aquello que es importante para la prosperidad de las generaciones actuales y futuras, tales como el desarrollo continuo de su infraestructura de transportes urbana e interurbana, movilidad eléctrica, salud, protección del ambiente y desarrollo sostenible, desarrollo humano, educación, vivienda, sistemas de pensiones robustos, transición energética, entre otras áreas de inversión.

La decisión de explorar y producir estos dos recursos naturales para tener acceso a esta gran riqueza durante las décadas que durará la transición energética mundial forma parte de su política económica, fiscal y social. No es solamente una decisión de política energética, como lo quieren hacer creer algunos aquí en el país.

Mientras que muchos países exitosos en lo económico, lo social y lo ambiental utilizan y utilizarán la riqueza de sus yacimientos de gas natural y de petróleo, durante las décadas que durará la transición energética, para fortalecer la prosperidad de sus habitantes y para financiar la transición energética que los proyectará hacia el futuro, la política actual del país hace lo contrario y prefiere dejar esta riqueza potencial en el subsuelo nacional para generarla en otros países con nuestras crecientes importaciones petroleras para beneficio de esos países y no de nosotros.

Como conclusión, por falta de recursos no solamente no estamos desarrollando la infraestructura multimodal de transporte de clase mundial que el país requiere, sino que igualmente, a pesar del discurso, tampoco estamos realizando ninguna transición energética.

Se considera adicionalmente que, con los escasos recursos de que disponemos, es mejor continuar enriqueciendo a terceros en el extranjero (países y empresas) con las masivas y crecientes transferencias de recursos financieros y no financieros que realizamos asociadas a las crecientes importaciones de petróleo explorado, producido y refinado en otros países, las cuales representan las 2/3 partes del consumo energético nacional.

Además, una parte del petróleo producido en el extranjero es extraída con normas ambientales inferiores a las de Costa Rica, incluyendo el petróleo no convencional que se extrae con “fracking”. Como comentario, el potencial de gas natural y petróleo que ha sido identificado en varias zonas del país es convencional, por lo que su producción no requeriría de “fracking”.

Se considera así que es mejor para el planeta importar crecientes cantidades de petróleo caro producido y refinado en el extranjero con normas ambientales inferiores a las nuestras.

Con las políticas actuales de autoflagelo, seguiremos creando desventajas y adversidades para el país, mientras que otros países exitosos sin dogmas continuarán financiando con su riqueza nacional su desarrollo y su propia transición energética durante las décadas que durará esta transición y continuarán creando ventajas y fortuna para ellos.