Leiner Vargas

Leiner Vargas

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Martes 12 Febrero, 2013

Seguimos persiguiendo las pulgas a pesar de mirar pasar los elefantes. La necesaria reforma estructural a nuestro sistema financiero sigue pendiente. Evitar la captura de los reguladores y favorecer mayor transparencia es urgente


Inflación o desempleo

La apuesta al equilibrio macroeconómica siempre tiene como trasfondo la famosa Curva de Phillips, hecho que si bien no es parte de la teoría económica formal, sino más bien un hallazgo empírico del economista inglés, está presente en los debates sobre el uso o no de la política fiscal o monetaria en momentos en que se requiere empujar el crecimiento o fortalecer el control de la inflación.
Este viejo pero no poco trascendental debate entre monetaristas y fiscalistas sobre la capacidad para controlar la inflación a costa del crecimiento económico, sigue estando en la palestra hasta el presente.
Costa Rica ha venido apostando a un sistema cambiario y de tasas de interés que busca esencialmente el control de la inflación. Metas de inflación que obligan a sostener y algunas veces restringir los agregados monetarios en moneda nacional, evitando así una posible y supuesta escalada inflacionaria.
Así mismo, el proceso de revaluación de la moneda nacional o devaluación del dólar, ha contribuido con el control de la inflación que se ha anclado en un 5% aproximadamente. Este valor de la inflación se ha venido consolidando en tanto otros macro-precios han estado en sobresaltos más evidentes.
El más importante, el precio del dinero o tasa de interés, que se disparó en 2012 hasta cerca del 11% en su expresión pasiva.
Sin duda alguna, con una economía cuya inflación es del 5% la tasa pasiva nunca debió superar el 8%, pero la tentación especulativa de nuestros banqueros no se hizo esperar.
El fenómeno ha resultado en una separación real del valor del dinero entre monedas, que en medio de una economía bi-monetaria y con la cuenta de capitales abierta, se ha vuelto muy rentable especular financieramente con dólares que se convierten a colones y que se ganan rentabilidad alta en dicha transición. En otras palabras, hemos creado un nido adecuado y caliente para el capital golondrina.
Corren unos y otros en el afán de resolver el problema, unos, los más liberales apuntan a liberalizar el sistema cambiario, algo que ha mi entender no tiene ni pies ni cabeza, dado que solo ampliaría los riesgos de quiebra del sector productivo nacional.
Otros dicen que el problema es el exceso de crédito en dólares y la dolarización real que se da ante el premio mayor por endeudarse en dólares, claro que solamente miran el efecto y no la causa del problema a saber la poca regulación de nuestro sistema financiero.
Otros quieren apostar a la política fiscal, restringir el gasto público e inclusive imponer hasta el aguinaldo con impuestos.
Para el Central se deben poner impuestos a las transacciones en dólares, de tal manera que se evite el proceso especulativo, algo así como cortarles las alas a las golondrinas.
Así las cosas, seguimos persiguiendo las pulgas a pesar de mirar pasar los elefantes. La necesaria reforma estructural a nuestro sistema financiero sigue pendiente, evitar la captura de los reguladores y favorecer mayor transparencia es urgente.

Leiner Vargas Alfaro

Economista