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Jueves 6 Marzo, 2014

No es lo mismo decidir voluntariamente arriesgar la vida o morir por tu patria a que te asesinen por ejercer el derecho a expresarte


Impunidad internacional

Existen muchas razones o situaciones que en conjunto contribuyen a generar un clima donde prosperen la anarquía, el hampa, los delitos y la injusticia, pero creo que posiblemente la más relevante sea la inexistencia de responsabilidad penal por parte de autores a violaciones, o en una sola palabra: la impunidad.
Dadas las circunstancias actuales de mi país y la impotencia de observar lo que sucede desde el exterior he comprendido que además de ser venezolano también soy un miembro de la comunidad internacional, un ciudadano de este mundo, o como quiera llamársele, con derechos universales a los cuales puedo apelar y exigir a las autoridades internacionales que se crearon para tales competencias.
Hablaré entonces desde el ángulo de la globalización, de los derechos humanos, de las convenciones, de las organizaciones internacionales… hablaré de humanidad conviviendo en sociedad.
Quisiera dirigirme a los representantes que integran todas las organizaciones que fueron creadas para mantener una especie de orden mundial donde se respeten los derechos fundamentales de los seres humanos, léase: Organización de Estados Americanos, Organización de las Naciones Unidas, Corte Interamericana de Derechos Humanos, Corte Penal Internacional, entre otras muchas.
Señores, es preciso entender que cuando un régimen opresor mantiene secuestradas las instituciones de un país, tiene las armas para reprimir y liquidar, y más importante aún, demuestra que NO tiene los escrúpulos para usarlas en contra de quien se atreva a disentir, la soberanía por sentido común universal deja de existir.
Porque no es lo mismo decidir voluntariamente arriesgar la vida o morir por tu patria a que te asesinen por ejercer la más básica de las virtudes democráticas, el derecho a expresarse.
No se puede pretender que los pueblos elijan sus destinos cuando se alza una voz contra un proyectil, y es en estos momentos cuando ustedes deben demostrar que toda esa ornamentación que les laurea y toda la palabrería, los congresos, estatutos, los consejos permanentes, los veedores, los voluntarios, de hecho tienen una razón de ser.
En Venezuela no existe independencia de los poderes y el Gobierno Venezolano mantiene una hegemonía comunicacional que obstruye casi por completo la verdad de lo que acontece.
Existe más que suficiente evidencia de que en Venezuela se violan al menos 16 de los 30 artículos de la Declaración Universal de los Derechos Humanos de las Naciones Unidas. ¿Cuántos más deben violarse para que haya un pronunciamiento y acciones contundentes orientadas a detener estas acciones?
No puede haber impunidad internacional a estos delitos, no solo porque son antagónicos a los principios jurídicos y morales fundamentales universalmente reconocidos, sino también porque como sucedió en Venezuela, ante la impunidad se impone la anarquía y una inevitable proliferación de delincuentes, asesinos o si se quiere, de dictadores.
No soy político, diplomático o sociólogo, pero lo que sí les puedo asegurar es que no se necesita de mucha educación para entender que si no se disponen a llevar a cabo las funciones más fundamentales para las que fueron creadas, por más esfuerzos y marketing que hagan, el desprestigio y el descrédito solo les depara como destino el humillante papel de espectador en la historia donde debían ser protagonistas… Entonces el mundo, donde eventos como este solo podrán hacerse más frecuentes, arderá en llamas y en guerras mientras ustedes se verán las caras y dirán lo que algunos militares y policías venezolanos de alto rango deben decirse en estos momentos: “Hubiéramos podido evitar todo este pero si tan solo hubiéramos cumplido con nuestro deber”

Simón Miranda