Iris Zamora

Iris Zamora

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Lunes 15 Diciembre, 2014

¡Esto es puro comunismo, el fin de nuestra democracia! gritaba alguno…


...desde Moncho

IMAGINA…

Agosto de 1943. La fresca tarde de San José, no dejaba en paz los sombreros de los transeúntes; algunas señoras con sus chalinas voladas por el viento conversando en el atrio de la Catedral con Monseñor Sanabria.
Las más jóvenes casi mostraban sus rodillas, era la crítica de las mayores, el prelado al igual que otros hombres, levanto su bonete sonriéndoles, frente a la mirada inquieta de las quejosas, que vieron a las chicas detenerse a esperar el tranvía.
Ese día un terremoto político había conmocionado a la discreta burguesía cafetalera josefina. Era una reunión urgente. Pocos autos que venían de Amón, Otoya, Escalante, González Lahmann bajaban por el paso de la Vaca, Teatro Nacional, Raventós, hasta llegar al emblemático Club Unión.
Los primeros; Bonilla, Wallerstein, Lara, Molina, indignados algunos, Argüello, Espinach, Aguilar, Hidalgo, perplejos otros, Jiménez, Fernández, Volio, levantaban airados La Gaceta. ¡El Presidente se había atrevido a publicarlo! a pesar de los mensajes y recaditos que le habían enviado.
Entraron uno a uno, dejaron sus sombreros, tomaron un scotch, un coñac, o algún otro licor menos agresivo, encendieron sus cigarros, o puros, otros con gesto de enojo no aceptaban el trago. Pasaban una y otra vez sus manos por los bigotes, mientras maldecían y condenaban el acto. Esperaban a Fernández y Montealegre. Estaban todos, al menos los más importantes; el tintineo de un vaso golpeado por el metal de una pipa, silencio los gritos y exabruptos
-¿¡Qué vamos a hacer con semejante locura!?, dijo Montealegre mientras arrugaba el ejemplar de La Gaceta en sus manos-. -Sí, mortificado espetó Espinach, ya nos ha golpeado con el impuesto al café-. Y qué me dicen, interrumpió Aguilar, al declarar la guerra a Alemania, que financiaba nuestro café, se nos ha venido abajo la producción.
-Bueno, concentrémonos en lo actual- sugirió uno de ellos. ¡Esta Ley hay que pararla!, será el fin de nuestros negocios, cambia la relación laboral, entre patronos y trabajadores. -Efectivamente, levantó la voz alguno, ya no será la oferta y la demanda la que rija los salarios. -¿Qué es esta barbaridad?, decía, casi sin que el aire llegara a sus pulmones, ¿¡derecho a huelga, preaviso, cesantía, por Dios, qué es esto!? ¿Prestaciones, vacaciones pagadas, a dónde vamos a parar? Es el caos, es el caos. El fin de nuestra sociedad.
-Privilegio para los peones, qué es esta locura, se junta con Manuel Mora y sale esta barbaridad. Tenemos que buscar aliados, el Diario de Costa Rica, La Voz de la Víctor, La Hora, La Prensa Libre, la Revista Surco para que hable del verdadero opio del pueblo… ah, claro vamos para la Corte.
-¡Esto es puro comunismo, el fin de nuestra democracia! gritaba alguno, mientras arrojaba al suelo La Gaceta mil veces arrugada, que solo permitía ver parte del título “CÓDIGO DE TRABAJO DE…”.
Afuera, algún organillero dejaba escuchar algunas notas del vals Leda… un vientecillo presagió días de incertidumbre, de grandes alianzas… ¡De confrontación!

Iris Zamora