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Domingo, 8 de diciembre de 2019



COLUMNISTAS


¡Hola amigo! Estás roto

Natiuska Traña [email protected] | Viernes 29 noviembre, 2019


Antes de que existieran las redes sociales o cámaras digitales había que esperarse a que revelaran el rollo fotográfico, para ver como salíamos en las fotos. No existía la inmediatez con la que vivimos ahorita, ni los “likes”, ni los filtros ni nada por el estilo. Si salía bizco, con los ojos cerrados, haciendo una mueca no había como repetir ni arreglar esa foto.

Utilizo ese ejemplo para hacer la comparación con la tendencia que igualmente hemos desarrollado no solo para las fotografías, sino para la vida en general.

Toda esta maraña de perfección que nos venden los medios impacta emocionalmente en añorar la vida perfecta, la pareja perfecta, el cuerpo perfecto, la cara perfecta y todo lo perfecto que quieran nombrar en esa lista. Pero sorpresa, lo menos que somos es perfectos y cuando esta realidad nos pega en la cara no sabemos qué hacer ante semejante farsa y finalmente la mente nos dice: ¡Hola amigo, estás roto! Eso de perfecto… no sos vos.

Con esto no quiero se pongan a comer helados y entren en depresión como Bridget Jones. Sin embargo, quiero decirles que estar quebrados es hermoso.

Hace mucho tiempo los monjes japoneses comprendieron que lo que se quebraba era maravilloso y mucho mejor que en su condición original. Cuando algo se rompe y se esparce en decenas, cientos o miles de pedazos muchas veces tendemos a tirarlo a la basura, no obstante los japoneses consideraban que recomponer la pieza quebrada además de volver a convertirse en la obra original que tanto les gustaba ahora tenía la evidencia de esas imperfecciones que ahora la adornaban y para hacer más visible que una pieza se había roto, este defecto se evidenciaba aún más reparándola con polvo de oro en cada grieta donde se pegaba la pieza lo que además le daba más valor pues ahora tenía muchos quilates en cada una de las grietas. Esta técnica la llamaban “kintsugi” o “kintsukuroi” que significa “carpintería de oro” o “evidencia de ruptura”. Muchos japoneses después rompían los jarrones para reconstruirlos y que aumentaran su valor.

Ahora, no hay problema con que estemos rotos al final sus imperfecciones y experiencias lo convierten en la persona maravillosa que es hoy y casualmente eso le da más valor que ser ese ser perfecto que no existe. Disfrute su imperfección, abrácela, acepte que está roto, porte con elegancia sus experiencias y certifique que ha sido restaurado. Los jarrones son delicados se rompen y pueden volver a romperse, lo importante es su enfoque y que su vida refleje esos quilates de experiencias. Esas roturas y reparaciones forman parte de su historia y deben mostrarse en lugar de ocultarse, las cicatrices lo embellecen. Como dijo Leonard Cohen: Hay una grieta en todo, así es como entra la luz.

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