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Miércoles, 14 de noviembre de 2018



EDITORIAL


Hay que sacudir la modorra

| Jueves 12 mayo, 2011




Se declaró emergencia nacional el año pasado ante las pérdidas del sector agropecuario por las alteraciones del clima, pero la lentitud en las oficinas impide a los campesinos recibir la ayuda

Hay que sacudir la modorra

Los agricultores están sufriendo las consecuencias de la lentitud con que se trabaja en oficinas del sector público.
Su grave situación no parece inquietar a nadie lo suficiente como para salir de la modorra y agilizar las cosas.
Las fincas destruidas y las familias de sus trabajadores sin sustento para mantenerse no es cosa que haya sacado del sopor a quienes deberían haber hecho un trabajo a toda velocidad para tener listos en corto tiempo, desde el año pasado, los datos necesarios para que fuera entregada la ayuda monetaria prometida al sector de forma correcta y sin problemas.
Se declaró emergencia nacional, pero solo se actuó acorde con esta declaratoria en cuanto a tomar la decisión de asignar fondos. El resto de las acciones para que dichos recursos llegaran a los destinatarios no funcionó a la velocidad que requieren las emergencias.
Se aprobó destinar unos ¢9 mil millones para ayudar a los principales damnificados por el clima en 2010 en tres diferentes formas de desembolso: uno para ayuda directa a las familias, otro para rehabilitar fincas destruidas y un tercero para controlar la plaga del “ojo de gallo” en los cultivos de café.
El sector agropecuario perdió por la inclemencia del tiempo unos $53 millones. El gobierno decidió asumir de ese total unos $18 millones, pero a la fecha solo se han ejecutado $960 mil.
¿Qué se hizo con el resto del dinero? ¿En qué momento dejó de ser este un asunto de emergencia nacional?
Los argumentos para el retraso parecieran estar relacionados con censos y listados. El Instituto del Café entregó su censo antes de que finalizara 2010, pero en cuanto a las listas auditadas que debía entregar el Ministerio de Agricultura se comenzó a trabajar a principios de abril de acuerdo con una publicación de este medio ayer.
Se evidencia que el ritmo con que se trabaja en el Ministerio de Agricultura para manejar una emergencia nacional es algo que aparentemente no responde a las necesidades de una emergencia. Los campesinos están sufriendo a causa de esta lentitud.
No es este el único ejemplo de una dañina parsimonia en la operación de oficinas públicas que afecta seriamente a los diversos sectores de la sociedad. Sin embargo, el Gobierno no ha contemplado iniciar la ejecución de los importantes cambios que se deben dar para transformar las oficinas que manejan los asuntos del Estado en algo eficiente y acorde con los tiempos.
¿Cuándo se saldrá de la retórica, en este sentido, para pasar a la acción? ¿Cuándo dejaremos de escuchar que hay planes para hacerlo y pasaremos a comprobar resultados?