Leopoldo Barrionuevo

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Sábado 18 Diciembre, 2010


ELOGIOS
¿Habrá valido la pena?


Los pueblos padecen de una frágil memoria, al igual que la gente y es apenas lógico si tenemos en cuenta que casi todo lo relacionado con el tiempo está impregnado de muerte y de olvido, como no podía ser menos.
Vivimos y nuestra memoria es tan selectiva que colecciona unas pocas percepciones a las que llamamos hechos que son apenas una sombra de la realidad que se nos escapa.
Una y otra vez narramos lo que denominamos nuestros recuerdos y en cada oportunidad cambiamos los relatos para acomodarlos a unos pobres acontecimientos que vamos embelleciendo, recortando y casi al pasar, desvirtuando a medida que transcurre la vida, mientras hijos y nietos asisten pacientes a escuchar una nueva versión sin intentar corregirnos: ya estamos en la edad del respeto en la que no se contradice al abuelo.
Si miramos hacia atrás, como decir hacia 1960, nos daremos cuenta que estamos ante una década de profundos cambios que pasaron aunque no sin dejar huella, pero los jóvenes de entonces ya no somos jóvenes, no somos los mismos y nuestros sueños se fueron diluyendo en el pasar pasando que es la vida.
Fueron los tiempos de “haz el amor, no la guerra”, de la aparición de los Beatles, de los misiles soviéticos en Cuba, de la guerra de Vietnam, de la liberación femenina, la aceptación del aborto, de las parejas sin matrimonio, los hippies, el consumo de marihuana, la libertad sexual, la desaparición de la virginidad como una obligación, la instauración del régimen comunista en Cuba y la exportación del movimiento revolucionario a Latinoamérica y Africa, mientras llegaba la descolonización aunque acompañada de sometimiento económico, casi hasta la fecha.
Los grandes protagonistas fueron Asia y Africa, padeciendo guerras y revoluciones a las cuales nos fuimos acostumbrando, fueron los años de la Guerra de los Seis Días, pero también los de la aparición de la guerrilla colombiana que se extendió hasta la fecha y en el 68 los tanques rusos en las calles de Praga, la rebelión de Budapest y el inicio de la caída del predominio soviético en gran parte de su territorio, el movimiento de estudiantes y obreros contra De Gaulle, la locura de Woodstok, la masacre aún impune de los estudiantes mexicanos en Tlatelolco y al año siguiente el crimen cobarde hacia el Che Guevara en Bolivia.
Fue la década del asesinato de los hermanos Kennedy y de Martin Luther King y por si fuera poco, el avance de China en el concierto económico mundial, la presencia de Fidel Castro en el plano internacional y hoy entre tantos líderes y aspirantes sólo él se mantiene con vida, vigencia, predominio y escenario de presencia aunque no de lucidez, pero todos sus contemporáneos que fueron primeras figuras, murieron. No hay duda alguna que la muerte ha de llegar junto con el posterior olvido: la vida se renueva.
Hagamos un repaso a nuestra propia realidad y nos daremos cuenta que no queda casi nadie que persista: valdrá la pena ese análisis.
El pasado pasa, transcurre, ilusiona. Demasiados jóvenes entregaron sus vidas en pro de ideales que el tiempo convirtió en recuerdos de gentes que en su mayoría se fueron aburguesando y acomodando al mismo modo de vivir que habían criticado. Y los que se fueron jóvenes y así permanecen en nuestra memoria, en su gran mayoría morirían nuevamente si pudieran ver en qué se convirtieron sus ideales y cómo los disfrutaron los camaradas sobrevivientes, muchas veces con el producto de sus incursiones.
No quiero imaginar cómo verán nuestros nietos este tiempo que vivimos hacia el 2060 y sin embargo, las tendencias y proyecciones deben ayudarnos a no cometer al menos los mismos errores, pero mire hacia Costa Rica de 1960 y compare. No estamos mejor ni peor pero sí diferentes y ante un año más, beba menos y al abrir los regalos del 24, tome aire el 31 para preguntarse si su vida tuvo sentido y si lo tendrá en el 2011. Para los jóvenes sí, porque por ello son jóvenes y para los amigos también: Beto González, Abundio Gutiérrez, Víctor Flury o William Salom, porque por eso son amigos.

Leopoldo Barrionuevo
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