Nuria Marín

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Lunes 7 Septiembre, 2009


Creciendo [email protected]
Gobernabilidad

Tuve la experiencia de escuchar en Panamá a funcionarios de un organismo internacional que estaban preocupados por los resultados negativos de una reunión con un jerarca del Gobierno panameño. Lo sorpresivo del caso fue escucharlos manifestar, “la ventaja en este país es que al menos sí deciden, no como en Costa Rica donde un sí o un no, resultan en un etéreo tal vez…”.
Como orgullosa tica mi natural reacción fue de inmediata indignación y un deseo de llamado a cuentas; tras una breve reflexión, sin embargo, no pude menos que concluir que en mucho tenían la razón.
Recordé este pasaje con motivo del debate organizado por la Contraloría General de la República sobre los controles previos de la administración pública, tema de la mayor pertinencia para el próximo gobierno y que tiene en mucho que ver con las deficiencias que nos perciben en el exterior.
Uno de nuestros errores es que hemos perdido el justo balance entre control y eficiencia. En una a veces obsesiva concepción del control, hemos caído en abundantes trámites y una maraña de leyes y burocracia que entorpecen la eficiencia en la gestión, anulan la capacidad de iniciativa e innovación de nuestra gente.
En algunos casos, la tramitomanía opera como la “perfecta” justificación para esconder incapacidades, a lo que se suma un profundo temor a asumir responsabilidades como lo demuestran innecesarias consultas a la Procuraduría, Contraloría, o Sala Constitucional.
En otros, el trabajo duro y los esfuerzos de excelentes funcionarios chocan de frente con una administración presa de una arraigada inercia de imposibilismo, veto burocrático y un fácil “noísmo” institucional.
Lo peor del caso es que este anquilosamiento estatal no cumple cometido alguno, pues como vemos con excesiva frecuencia, no nos ha defendido contra fragrantes actos de corrupción como lo demuestran los casos de Alcatel, Caja-Fischel, Aviación Civil, Fondo de Contingencias, Fodesaf, etc.
Un buen punto de partida es entender que control no es incompatible con un proceso simple. Por el contrario, los procesos simples, claros y precisos potencian la eficiencia y facilitan la supervisión.
Por ello, no se trata de convocar una constituyente, que además puede convertirse en una peligrosa caja de Pandora, tampoco se trata de una magna reforma legal que nos tomaría años.
Lo inteligente es detectar los cuellos de botella y hacer reformas puntuales acompañadas de un buen programa de capacitación en gestión. Igualmente apoyarse en la tecnología como lo demuestran exitosas iniciativas en gobierno digital.
No menos importante, propiciar una nueva mentalidad de sinergia entre administradores y fiscalizadores que devengan en un Estado eficiente, proactivo e impulsor de desarrollo y prosperidad para el mayor número.