Fabricación de teléfonos inteligentes ya no financia conflictos
Un cliente enciende el nuevo iPhone 7, teléfono inteligente que está fabricado con tantalio. Bloomberg/La República
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En medio de un paisaje lunar sobre una cuesta en la zona oriental de la República Democrática del Congo, miles de hombres y mujeres excavan para extraer con picos un mineral blancuzco pesado de la ladera de la colina, luego lo lavan con las palas en torrentes hechos por el hombre y lo bajan de la montaña acarreándolo en bolsas de 50 kilos.

Pertenecen a esa clase de mineros independientes que las grandes compañías normalmente expulsan cuando obtienen una concesión para extraer minerales en África. Aquí, los trabajadores son en cambio el rostro de una nueva colaboración que permite ganar a los mineros y las compañías por igual, probando a la vez a compañías como Apple y Samsung Electronics que lo que extraen no financia el conflicto armado.
La cara de esta iniciativa es Ben Mwangachuchu, de 56 años, egresado de la University of Notre Dame que regresó a su país desde Washington, D.C., para tratar de hacerla funcionar en un país desgarrado todavía por el conflicto de facciones. Es una lucha en tanto enfrenta bajos precios y avalanchas de contrabando, dice. Pero el sistema poco a poco está dando resultado y él está empezando a reinvertir las ganancias en una mecanización que lo ayudará a mejorar la eficiencia y duplicar los ingresos.
“Era la única forma pragmática de poder trabajar en este entorno posconflicto”, dijo Mwangachuchu, director ejecutivo de Société Minière de Bisunzu (SMB).
El premio es el tantalio, un mineral escaso extraído del mineral de coltán que se utiliza en los iPhones de Apple y prácticamente en todos los teléfonos inteligentes del planeta. El tantalio es un componente clave en las tecnologías de precisión de la aviación, la industria automotriz, los armamentos y la electrónica, incluidos productos fabricados por empresas como Samsung y Huawei Technologies.
Hace tres años, Mwangachuchu negoció un convenio con una cooperativa llamada Cooperamma que permite a sus excavadores explotar partes del yacimiento en Rubaya, en el noroeste de la capital provincial de Goma. La condición: solamente venden el mineral a SMB. Esto permite a la empresa hacer un seguimiento del mineral desde la mina hasta el puerto, garantizando que no se vea contaminado por el conflicto.
En ese momento, cuando Mwangachuchu ocupó el lugar de su hermano Edouard cuando este se convirtió en legislador y senador en Kinshasa, la capital, la mina estaba invadida por excavadores independientes. SMB podía acceder únicamente a pequeñas áreas de superficie de la concesión. Ahora, SMB financia a 5 mil mineros cuando el precio es alto. Todos los meses, la compañía paga a Cooperamma $5 millones por el mineral de coltán; la localidad al pie de la colina creció hasta 45 mil habitantes.
“La convivencia entre los excavadores informales y las compañías mineras industriales es conveniente para todos”, dijo Robert Seninga, presidente de la cooperación Cooperamma. “El acuerdo está trayendo más seguridad económica y física a la región”.


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