La búsqueda de la innovación es el motor creativo de Fabiola Urbina, quien combina tradición y cambio en cada obra.
Su trabajo abarca desde tocados hasta piezas editoriales, siempre con una identidad propia que invita a la reflexión y a la experiencia sensorial.
¿Qué nuevas piezas está desarrollando actualmente?
Actualmente trabajo en una nueva colección inspirada en el arte de los años cincuenta, dándole un giro a mi obra que hasta ahora ha sido mucho más clásica.
Mis piezas no se repiten y eso las hace únicas. Podemos decir que cada una tiene su propio espíritu.
¿Cómo logra que sus obras, desde tocados hasta otras piezas artísticas, transmitan emociones y mensajes profundos?
Mi mayor inspiración viene de mi admiración por la capacidad de sentir del ser humano, a todos esos sentimientos, ya sean positivos o negativos, que envuelven nuestras vidas.
Mi trabajo y emociones están profundamente conectados. Me gusta que cada persona tenga una libre opinión de mi trabajo.
Por eso no nombro mis piezas, para no interferir en esa comunión entre mi obra y el espectador. Darles un nombre sería guiar su significado. De esta forma logro que cada persona se sumerja en su propia experiencia sensorial.
¿Qué técnicas o materiales está explorando para innovar en sus próximas colecciones?
Mi trabajo está en constante transformación, no me gusta lo estático, adoro el cambio. Durante toda mi carrera no me he casado con un solo material y me mantengo estudiando técnicas nuevas.
Ahora la tecnología abre universos aún más grandes a la creatividad. Telas, arcillas, pastas y hasta metal están sobre mi mesa de trabajo.
¿Cómo define la relación entre su inspiración y la identidad cultural costarricense en su arte?
Adoro la naturaleza y esta se hace presente en mi obra, tanto en mis piezas para novias como en las editoriales. No me limito a una identidad. Mi visión de las piezas es global.
En el editorial Siwa del artista Mario Peraza, exalto la belleza natural de nuestro país con una pieza que representa una ventana a su flora y a la mujer de nuestros pueblos originarios.
¿Qué proyecto artístico reciente considera más significativo y por qué?
Hay dos proyectos muy significativos en mi carrera últimamente. El primero, junto al fotógrafo Juan Caliva, es una representación de los siete pecados capitales, pero desde el punto de vista del pecador, no del que juzga.
Es un editorial intenso y con mucho significado que hace reflexionar al espectador.
El segundo de ellos, que saldrá hasta principios del año próximo, es una ventana al pasado y a la situación de la mujer en aquel entonces.
Conlleva una profunda crítica a diferentes ideales de la época. Este editorial lo produje junto a Mario Peraza y ha sido una experiencia maravillosa.
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