Alvaro Madrigal

Alvaro Madrigal

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Jueves 5 Febrero, 2009

De cal y de arena
Estímulos o prebendas

Alvaro Madrigal

La crisis económica mundial, de dimensiones devastadoras como es, nos golpeará fuertemente, de seguro aumentando la pobreza y el desempleo. Lo ha admitido el presidente Arias al divulgar el conjunto de medidas a que echará mano el gobierno para encararla. Su anuncio —sin ser explícito— dejó ver el riesgo de que también se multipliquen el hambre, el desahucio y la quiebra, con un agravamiento del desempleo y la pobreza. Serán los expertos en la materia los que analicen el “Plan Escudo” (que la prensa —hoy tan frívola— abra los espacios necesarios para analizar y debatir). Mientras, hacemos comentarios generales sobre esto, una tardía reacción del gobierno quizá por el bizqueo del Banco Central. Bien hace el plan en privilegiar el auxilio a los grupos sociales más vulnerables y más golpeados, para lo cual el asistencialismo parece ser la única herramienta inmediatamente disponible (aumento en pensiones del régimen no contributivo, ampliación de los alcances del programa “Avancemos” y de la ayuda en los CEN-CINAI, condonación de ciertas deudas en el BANHVI y reducción de las tarifas del transporte público) que no sea la creación de empleo emergente en el sector público. Quizá un sinapismo, insuficiente para esos grupos si la crisis excede la inmediatez de dos años. Sus aflicciones tampoco cesarán con las reformas al régimen de los contratos de trabajo, que tienen las trazas de una movida para legitimar la arbitrariedad patronal, ni con esa propuesta de que dos obreros trabajen en el tiempo correspondiente a uno ni con la semana de cuatro días. No será esta “depredación social” lo que oxigenará el aparato productivo nacional. Y por la queja de los empresarios se nota que al “plan escudo” le falta mucho para actuar como catapulta de la economía.

Sospecho que se promueve la ley del embudo y que a la par de obreros y leales empresarios abatidos, acechan los vivos de siempre. Por ciertos planteamientos, es de temer que esta crisis sea aprovechada para multiplicar privilegios y hacer de los aportes a la solución una fachada de efectos calculados, tras la cual se busquen más prebendas y escudos fiscales y menos contribuciones, con el consiguiente efecto concentrador de la riqueza que profundiza la desigualdad y la injusticia en nuestra sociedad. Sí, atendamos la emergencia pero no archivemos lo dicho por el presidente Arias el 7/12/06: “La responsabilidad social empresarial adopta múltiples formas, la más evidente de las cuales es la contribución fiscal.... este país no podrá avanzar hacia ninguna parte si no replantea profundamente su estructura tributaria”. Ni la denuncia de monseñor Hugo Barrantes el 2/08/05: “He comprobado que existen varias Costa Rica. Una, impenetrable, de grandes mansiones y lujo, de personas que viven casi como en otro mundo. Otra, la de gente sencilla, accesible, con raíz y estirpe campesina, gente pobre pero dispuesta siempre a colaborar. Hay aún otra Costa Rica, la que vive en precarios, en cuevas, hacinada, sumida en la extrema pobreza, excluida de los bienes y servicios que el país ha logrado; esta es la Costa Rica desconocida; es la otra Costa Rica.”