Claudia Barrionuevo

Claudia Barrionuevo

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Lunes 4 Marzo, 2013

Podemos hacernos los locos y decir que no votamos por él. Sin embargo el diputado del que hablo está donde está por elección popular


Estamos justo como estamos

Litros de tinta, metros de papel y espacios virtuales ilimitados se han gastado en un personaje público que (a mi parecer) no merece tanta atención. Está claro que cada vez que abre la boca deja brotar de ella prejuicios, insultos y tonterías que nos ofenden. Sus declaraciones agravian nuestra identidad, nuestra inteligencia, nuestro patriotismo.
¿Quiénes son los responsables de la instalación en Cuesta de Moras de un ser tan polémico?
Algunos funcionarios acceden a sus puestos por la decisión unilateral del gobierno: es el caso de los ministros y viceministros, presidentes de instituciones y el personal de confianza que el Ejecutivo nombra.
Otros, son votados por los diputados de la Asamblea Legislativa: los jueces, la defensora de los habitantes, la contralora, por ejemplo.
Los ciudadanos tenemos el derecho y la obligación de escoger al presidente, a los diputados, a los munícipes, a los alcaldes. Somos por tanto responsables de nuestra elección.
Entonces, yo me pregunto: los que votaron para que un señor fuera diputado, ¿no se arrepienten? Digo porque, no nos engañemos, las campañas electorales siempre son manipuladoras y puede ser que mucha gente de buena fe le haya dado el apoyo a un candidato y luego, al escucharlo decir barrabasadas, se avergüence de haber puesto el pulgar debajo de su foto.
Algunos alajuelenses, deseando desmarcarse ante la elección de uno de los diputados de su provincia, realizaron una ingeniosa campaña por medio de calcomanías que afirmaba: “Yo no voté por….” Los autoadheribles mencionaban el nombre del legislador en cuestión.
No se trata de iniciar una campaña aclarando que uno no votó por una persona injusta, pero quienes lo hicieron creyendo que sí lo era (justa): ¿no deberían iniciar  una cruzada diciendo: “Yo voté por tal diputado y me arrepiento?” Sería honesto y los separaría de la ola de oscurantismo que ha teñido nuestra Asamblea.
Pero, bueno, como el voto es secreto, todos podemos hacernos los locos y decir que no votamos por él. Sin embargo el diputado del que hablo está donde está por elección popular.
No solo eso: si preside una comisión a la que no debería pertenecer porque sus declaraciones y actitudes riñen absolutamente con la esencia de la misma, es porque muchos lo colocaron allí. No nosotros, pobres electores, no. Las manipulaciones del poder.
El gobierno, aterrorizado porque el 1 de mayo de 2010, una alianza le arrebató la presidencia de la Asamblea Legislativa al Partido Liberación Nacional, pactó al año siguiente con el Partido Accesibilidad sin Exclusión y mantuvo a sus aliados de los partidos evangélicos.
Y como en política para negociar hay que ofrecer, lo que pidió el diputado que nos avergüenza le fue concedido: ser presidente de una comisión legislativa que reviste de particular importancia en el país sede de la Corte Interamericana de Derechos Humanos.
Los creyentes pueden evocar una de las oraciones más bellas del padrenuestro “perdona nuestras ofensas así como nosotros perdonamos a los que nos ofenden”. Yo afirmo (citando a Rosana): “Que te perdone Dios, que yo no puedo”.


Claudia Barrionuevo

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