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Lunes, 1 de marzo de 2021



COLUMNISTAS


¡Esos ricos!

Emilio Bruce [email protected] | Viernes 12 febrero, 2021


Sinceramente

Leyendo en redes sociales he quedado pensativo de las acusaciones feroces contra “los ricos”. Más allá de sus aparentes convicciones marxistoides, su socialismo del siglo XXI y sus evidentes resentimientos sociales y aborrecimiento del éxito ajeno, su crítica social y su estigmatización de los que han sido exitosos, o han logrado lo que ellos no han podido, no deja de despertar mis preocupaciones ese ataque continuo.

Ellos señalan que los ricos pagan salarios de hambre, que explotan y maltratan a sus trabajadores. Que son unos defraudadores. Que son unos “sucios” puesto que se valen de los portillos dejados en las leyes para pagar menos impuestos. Que son unos corruptos que hacen sus negocios en combinación con los políticos que ceden a sus proposiciones deshonestas y a su tráfico de influencias para ganar licitaciones y obtener negocios en alianzas público privadas.

Hay un fermento contra los ricos y los exitosos y este está siendo empujado. Hay una generalización en la acusación de los presuntos delitos y en la conducta reprochable muy preocupante. No se señalan personas ni empresas con nombres y apellidos, se generaliza en abierta injusticia hacia quienes no tienen esas conductas ni incurren en esos delitos.

“Esos ricos” sin embargo son sujetos de imitación y las aspiraciones de millones es llegar a acumular algo de riqueza. Nadie dice querer ser rico, este es un tabú social, simplemente dicen querer tener su casa, su carro, su empresa y plata en el banco para una emergencia o una crisis. ¿No es eso ser rico, les he preguntado? Ellos responden ofendidos diciendo que ellos no son ricos que “los ricos” son otros. Nadie resulta rico, todos resultan de clase media o acomodados. Hay un clima de vergüenza por ser exitoso y ser rico en este país. El éxito profesional y económico es sancionado por el medio social.

El delito debería ser perseguido. La corrupción debería ser desterrada. Cero tolerancia debe mantenerse contra el crimen. El éxito debería ser exaltado e imitado. Tener negocios prósperos no es signo de corrupción o delincuencia sino de trabajo y habilidad.

En términos de los impuestos todos señalan que no merecen ser gravados. Que ellos son pobres, ellos se perciben como pobres. Que les pongan impuestos a los ricos no a mí, se lee con facilidad. ¿Por qué a mí? Que los dueños de las casas sean gravados, pero no mi casa que es modesta y me ha costado. En redes los críticos de los ricos perciben los impuestos como un castigo a los que se han hecho ricos por serlo.

La imagen propia percibida siempre es la de una víctima, no la real y la correcta. Las gentes disimulan tener bienes, ser profesionales bien pagados o ser personas de éxito. El éxito se envidia. El éxito no se confiesa. Todos quieren ser ricos, aunque no lo confiesen. Pero atribuyen, a los exitosos y a los que tienen bienes y empresas los peores delitos sociales. Esas personas son las que organizan la producción del país y el sistema financiero. Ser rico sin embargo es ser blanco de hostilidad permanente.

Estos acérrimos críticos confunden con facilidad asombrosa o con intenciones aviesas a delincuentes con empresarios. Si el éxito existe es porque son unos ladrones, defraudadores y corruptos sigue el silogismo. El éxito, para los enemigos del sector privado, no existe sino como consecuencia de los negociados oscuros, de la estafa, la defraudación fiscal, de las actividades oscuras e inconfesables. Los ricos y exitosos son para ellos el resultado de la corrupción del país. La generalización es continua, todos son unos sinvergüenzas. <hay que señalar con firmeza y claridad que los delitos son intolerables. La tolerancia ante corrupción y defraudación debe de ser cero, pero de allí a calificar a todo individuo exitoso como corrupto, defraudador y pernicioso es demasiado.

Esta perspectiva equivocada debe de cambiar. Si cuando un grupo de personas que es el que lidera la economía del país se comienza a ver hostilizado por todos los costados las consecuencias sociales van a ser tremendas. Si cuando alguna actividad o emprendimiento tiene éxito es blanco de impuestos, trámites, permisos y procedimientos adicionales casi como en venganza, las señales son ominosas. Si cuando no hay pruebas de nada se inventan infundios y el ataque sigue todos se dan por avisados de la agresión. Pues estos grupos humanos, como ha sucedido en muchísimos países van a comenzar a irse o a invertir sus recursos en otras naciones donde se les hostilice menos o simplemente se les acoja con calor y se les ayude a forjar más éxito. Costa Rica está enferma y el odio de muchísimos costarricenses contra los que tienen y son exitosos es un síntoma ominoso que debe llamar a todos a la reflexión.

Cuando los grupos por ganar políticamente comienzan a despedazarse mutuamente, cuando se desoyen leyes y constitución, cuando lo importante es destruir al adversario y para ello no importan las herramientas usadas, cuando el fin justifica los medios, los países se deshacen rápida e integralmente.

Cuando se busca destruir a los grupos productores que deberían ser ejemplo a seguir por la sociedad, cuando se victimiza el éxito y se ensalza al que no asume riesgos y recibe su alto salario sin más y mes a mes, cuando las personas buscan ser empleados de gobierno con sueldos superiores a los de la empresa privada y la campaña virulenta contra los motores económicos recrudece, debemos reflexionar seriamente sobre la idiosincrasia que se está forjando en el país.

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