Carlos Camacho Córdoba

Carlos Camacho Córdoba

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Martes 6 Febrero, 2018

Es de todos

He decidido escribir estas líneas antes que se despejara la incógnita electoral, con el único rigor interior y personal de no hacerlo a la luz de los resultados que puedan incidir en los planteamientos que me permito compartir con ustedes.

El país que en el ejercicio de su derecho sagrado al sufragio, sin más temores que los resultados mismos, pero con la certeza institucional que dan nuestros valores electorales que son garantes de los resultados y del ejercicio efectivamente libre de la manifestación de la voluntad, del fuero interno en la sagrada relación de intimidad con la urna electoral. Por esto debemos estar agradecidos, ya que esta conquista es de todos.

El haber podido tener derecho a manifestar nuestras preferencias, a pesar de nuestras diferencias, unos con más otros con menos respeto por los demás, es también una conquista participativa de una democracia en pasos de la adolescencia a la madurez, estamos en esta etapa donde la participación ciudadana abierta por la multiplicidad e inmediatez de los medios de comunicación y las redes sociales, han abierto las plazas públicas a todo aquel que considere oportuno manifestarse, pasando de la voz de los caudillos a la voz de los ciudadanos, esta es una conquista que debemos considerar como una apropiación responsable de la democracia y la vigilancia crítica —constructiva de preferencia— para el logro de unos objetivos concretos y eso es otro de esos valores que es de todos.

Debe tener claro quien haya sido electo —o quedado elegible— en las diversas plazas de responsabilidad de elección popular y los que sean designados de estos para el cumplimiento de la función pública que su responsabilidad es ante la democracia que no es abstracta sino que es de todos. Que esta responsabilidad no es para servirse sino para servir, que este deber de servir lo es no solo para con sus correligionarios, sino que lo es de todos.

Deben tener también claro quienes postularon su nombre a las diversas posiciones de elección, que lo han hecho no solo ante sus partidos, que lo han hecho como opción ante un colectivo social que es de todos; lo que implica el compromiso de ser partícipes permanentes en el resto de lo que apenas se inicia que es el fin último del medio electoral que es conformar gobierno. Así como nadie forzó a ningún candidato a presentarse, por el compromiso que comporta haberlo hecho, salir de la contienda electoral y dejar de protagonizar los calificará en la historia como un advenedizo, como el país que es de todos debe iniciar un proceso de escribir su memoria histórica, debe cobrar con la repugnancia electoral cualquier desaguisado de esta naturaleza.

Tal y como lo hemos venido enfocando el fenómeno electoral es un complejo conjunto de actos y promesas, acciones y silencios en el que todos hemos elegido mantener un rol, ni siquiera quien se abstuvo de participar por completo en el proceso, puede eximirse de este proceso, por tanto, este proceso, con todos sus encantos y consecuencias lo es de todos.

Los procesos electorales son medios, no fines para el logro de unos objetivos del conjunto de la sociedad y en nombre del sector privado, considero indispensable que con independencia de partidos todos, exijamos la conformación de una agenda nacional que debe priorizar temas ya diferidos en muchas administraciones, pero que son impostergables si queremos que nuestros hijos reciban un país mejor que el que hoy tenemos, este es un deber que no reposa en manos del político, sino en la exigencia de consensuar, con el sector privado, ya que este es un deber que es de todos.

La agenda a consensuar debe empezar por el arreglo de las finanzas públicas, el remedio hay que tomárselo no es opcional, hay que reducir la deuda tanto interna como externa que hacen que el transcurrir del tiempo sin remedio solo erosione el bolsillo de los sectores productivos quienes lo trasladan económica y socialmente. Cuando lo hacen de forma económica los precios suben y las capacidades adquisitivas de los consumidores bajan y cuando no hay camino otro que el traslado social, aumentan el desempleo poniendo presión en la espiral de la pobreza de este que es el país que es de todos.

Debemos definir de inmediato un plan de capitalización de deuda pública por patrimonio para que con esto financiemos el traslado de los funcionarios públicos que hay que cesar para que el Estado adquiera el tamaño adecuado a sus actuales y eficientes funciones, lo que aumentara las unidades de generación de riqueza, mermará la hemorragia de los recursos del Estado que son también de todos. Esto será doloroso, pero sanará, no avanzará y solucionará en el mediano y largo plazo temas calientes como la precaria infraestructura de toda naturaleza, la necesaria modernización de los medios que nos pongan a la vanguardia de la competitividad, función que el Estado puede aprovechar hacer, cambiando la deuda por inversión pública en manos del sector privado. Los buenos resultados que de esto obtengamos no lo serán de un partido, sino que lo serán de este país que es de todos.

Debemos también arreglar los aspectos fiscales relativos a las reformas que han venido por décadas esperando ver la luz, cambios en renta que sean eficaces para cobrar lo que en materia de creación de riqueza incremental sea propio, compense lo que se ha perdido en el incierto mundo de los negocios, fomentando el incentivo por aumento del empleo en el sector privado. Esto debe ser dotado con medios de nueva generación de incentivos que finalmente sean coherentes con la agenda social, la de incorporación, la de orden ambiental de lo que debemos concientizar es un deber que lo es de todos.

Debemos ser audaces en la creación de medios de gestión de bases imponibles de nuevos hechos, para evitar las amnistías, pero fomentar el proceso de regularización con costo marginal de las situaciones fiscales que a reglas generales simplemente serian impagable y por tanto, aun en una audaz detección de las autoridades del Estado, estaríamos ante la pérdida de los recursos que son de todos.

Debemos cerrar la puerta a la tolerancia y fomento de la informalidad, la agenda debe exigir acciones concretas de gestión, fiscalización y cobro, de todas las actividades económicas, muchas disfrazadas de régimen simplificado y otras simplemente omisas ante los ojos complacientes de la Administración Tributaria.

Finalmente, la agenda para ser completa, debe comprometer a todos, incorporar a todos, exigiendo cuentas a todos, con fechas tasadas, el nuevo gobierno contaría con el beneplácito de hacer lo que hay que hacer si asume una posición equilibrada de pesos y contrapesos en la agenda y un plazo no mayor al primer periodo del gobierno. Esto es un deber que es de todos hacer cumplir.

De no ser así este que es el país de todos ha sido el gran perdedor del proceso de elecciones que recién pasaron y hemos vuelto a confundir el fin con los medios.

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