Vilma Ibarra

Vilma Ibarra

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Miércoles 7 Abril, 2010


Hablando Claro
Erradicar las barras


“Si no somos capaces de terminar con la violencia en los estadios, no seremos capaces de enfrentar con éxito la criminalidad”.
Tengo que confesar que esta contundente aseveración del Fiscal General de la República, me dejó un tanto desconcertada pues nunca se me había ocurrido pensar en algún vínculo entre una y otra manifestación patológica social.
Lo cierto es que su explicación fue clarísima: “si somos tan inútiles como para sucumbir ante un tema como la expresión de violencia en (y alrededor de) los estadios de fútbol, será imposible que podamos acometer con éxito otros desafíos de la seguridad ciudadana”.
Comprendo que un tema tan complejo como la manifestación de la agresividad y violencia social que se desencadena en torno al balompié no es solo achacable a los jóvenes que conforman las barras, que —dicho sea de paso— encuentran no pocos alicientes para explotar en ira y furia, habida cuenta de las manifiestas expresiones de descontrol emocional de algunos de sus ídolos deportivos. Desde hace mucho, y en muchos otros lares, este es un tema de estudio, debate y deliberación para especialistas y por supuesto no es mi campo.
Lo que sí encuentro razonable es que a falta de un abordaje más riguroso del problema en el pasado, ahora que el presidente de la Liga Deportiva Alajuelense ha lanzado la necesaria idea de erradicar a la garra manuda, debemos aprovechar el momento para devolverle efectivamente a la gente los estadios como espacios de solaz y seguro esparcimiento y de paso, por supuesto, devolverles a los habitantes y pequeños empresarios y comerciantes de cada sede futbolística la tranquilidad que han perdido habida cuenta del terror que anuncia la sola presencia en sus localidades de las barras, ultras y garras que llegan a expresar su poderío, anunciadas por las sirenas y motores de las propias autoridades policiales que acompañan (escoltan) los autobuses que los trasladan en un torcido empeño (de verdad que el camino del infierno está empedrado de buenas intenciones) por evitar desmanes, destrucciones y derramamiento de sangre.
En este contexto hay que tomarse muy en serio la propuesta de don Francisco D'All Anese: que las empresas privadas patrocinadoras del fútbol no inviertan sus recursos en apadrinar divisas que tengan “barras”. Que en un esfuerzo de plasmar con el libro de los hechos los preceptos de la Responsabilidad Social Empresarial delimiten su inversión publicitaria a actividades deportivas libres de manifestaciones de violencia, para apostar más bien a la generación de valores sociales de armonía y convivencia.
Apoyamos al Fiscal General en su empeño. Pero seamos realistas. El apoyo solo será efectivo, si la propuesta la adhieren las empresas y organizaciones que patrocinan el fútbol nacional.

Vilma Ibarra