Pedro Oller

Pedro Oller

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Martes 22 Diciembre, 2009


Epílogo

Si bien el país camina solo, ahora con cabezas que lo dirigen a su antojo, los deberes de uno como ciudadano claman por hacer más. Al menos, por las necesidades desapercibidas (pero que uno ha conocido) y por las otras, despóticas, que han sido tan vulgares en su sometimiento, y en igual medida, deben ser denunciadas, censuradas y pensadas.
El gobierno de los Arias se ha encontrado (estupendamente) con un escenario único: el de ellos y los suyos.
Un entorno exquisito para hacer y deshacer según su antojo y para perpetuarse, como han aclarado sus últimas acciones, a placer. En resumen, un gobierno que ha sido bueno en cumplir con sus mandatos constitucionales pero impertinente en su cumplimiento.
Una administración que llegó hipotecada, un Presidente pedido y deseado por sectores que jalan hilos, un país en franca desmejora luego de un trance producido por los mismos intereses. Corregir el rumbo con rasguños a lo encarnado, menuda tarea pero desprendida para un ex presidente electo por margen y a fechas de la elección. ¡Acharita! El esfuerzo emprendido por muchos de nosotros resultó más tico…¡Sin tortilla, imposible!
El país en las mismas y con los mismos.
Lo de la Defensora de los Habitantes raya en indecencia. No sorprende que la Señora, segura de su elección, haya deferido la ética en razón de sus intereses o que, un Gobierno tranquilo en su intromisión, haya reconocido su descomposición sin mediar mea culpa.
Esa es nuestra realidad hoy. Y no se nos debe olvidar, a fin de que no sea la prensa quien nos lo recuerde en aras de un efímero rating y mayores ventas: Son el país y sus instituciones a quienes debemos empezar a reclamar acciones y no esperar respuestas mesiánicas, los políticos solo tienen recetas y no soluciones a nuestros dilemas. Poco importa si ya estuvieron o si vienen de reemplazo.
Dentro de ese epílogo, valga anticipar que de seguro luego habrá procesos judiciales así el Ministerio Público guarde silencio por ahora. No por el reclamo que —a eco hueco— hace un magistrado con tal de acontecer. Sino más bien, porque la presión mediática empezará a incidir nuevamente. Y los Arias ya no son media-darlings. En este tanto, y con consecuencia, el destape vendrá pronto.
La persistencia en el poder es un mal aberrante que solo asiste a quienes se han arropado con diferentes banderas, en diferentes momentos y a quienes, un yo insoportable reclama. Los Arias han servido de instrumento para esos dardos que escapan al gobierno en lo económico y en sus ansias de preservar el poder a toda costa.
Tienen ustedes dos meses para hacerle un favor a este país de cara a las elecciones, seguro de que su candidata lo reclama: Despoliticemos el proceso y dejemos que cada palo aguante su vela. Doña Laura lo hizo con la descompuesta elección de la Defensoría, abrigo esperanzas de que ella —como su padre— lo seguirá haciendo, no importa quien caiga y sin importar las relaciones de décadas o el momento.