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Domingo, 18 de noviembre de 2018



COLUMNISTAS


Encuestas en cuesta

Alvaro Madrigal [email protected] | Jueves 05 diciembre, 2013


Alguien se salió del saco y sacó a relucir la verdad, el verdadero sentir del elector con sus preferencias, sus dudas y sus repudios


De cal y de arena

Encuestas en cuesta

Sociedades mercantiles dedicadas también a los sondeos de opinión pública en tiempos electorales. Sociedades que en numerosos casos tienen vínculos con otras dedicadas al periodismo.
Vínculos definidos por un dominio fuerte (si no total) en el capital accionario de la encuestadora. Empresas periodísticas cuyos propietarios dominantes suelen tener grandes y fuertes intereses económicos y financieros determinantes de que ese su periódico sea un actor político informal, de ninguna manera neutro.
De donde resultan los vasos comunicantes entre la encuestadora y el periódico y por ahí, la posibilidad de que el trabajo de aquélla esté condicionado por los intereses de los propietarios del medio.
Todo esto en un contexto en el que no existen leyes que sancionen la publicación de encuestas falsas, sesgadas o maquilladas ni tampoco un Tribunal Electoral que vele por el cumplimiento de la ética en este terreno tan estrechamente afín a la suerte de las instituciones de la democracia, en particular el sufragio.
Saltarán las voces que rechacen esta apreciación y que salgan por los fueros de la ética de las encuestadoras y los medios de información, lo cual no será suficiente para devastar una realidad incontrastable: el periódico y su misión de informar y hacerlo conforme a la veracidad, observa y sigue de cerca las instituciones políticas, las critica y así las enriquece; pero también puede incurrir en excesos y sucumbir a las tentaciones de influir en esas instituciones para desprender ventajas para sus dueños e imperios.
Sesgar el trabajo de la encuestadora para manipular sus resultados pasa a ser una herramienta de instrumentalización política.
No generalizo pero sí sospecho de mucho de lo que ocurre en esta campaña electoral en la que un torrente de encuestas arroja resultados disímiles, confundiendo al votante y dando pie a la impresión de que hay manoseos.
Las empresas encuestadoras hacen su trabajo bajo contratos de servicio y con protocolos ocultos de donde resulta casi imposible determinar causa, efecto y calidad del sondeo, multiplicando las sospechas de manipulación y sesgo.
Nada de esto desvela a los partidos contratantes; su objetivo es influir en el electorado con datos tendenciosos reservándose para sí y en el fuero de la intimidad la verdad del sondeo.
Sin embargo, algo pasó ahora. Alguien se salió del saco y sacó a relucir la verdad, el verdadero sentir del elector con sus preferencias, sus dudas y sus repudios. ¿Estrategia para romper la modorra y abrir paso a una campaña de ataques fundada en el miedo porque viene “el coco”?.
La política trepida una vez que la verdad silente que corría abundante por los corrillos rompe el velo que la tapaba y exhibe que Johnny Araya no es el candidato victorioso ni Liberación Nacional conserva el vigor del pasado; José María Villalta irrumpe en el escenario con fuerza y posibilidades; Otto Guevara salta desafiante; y los demás no cuentan.
Pero, cuidado con dislocadas interpretaciones de las cifras y con las trampas. Cualquiera puede tropezar y caer fatalmente.


Álvaro Madrigal