Natalia Díaz

Natalia Díaz

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Jueves 12 Octubre, 2017

Empleo y desarrollo productivo

Desde siempre nuestros abuelos nos han enseñado que el trabajo diario, intenso y provechoso, es el camino a la superación, o el camino para mejorar nuestra condición socioeconómica. Solo con el trabajo honrado se puede salir adelante.

Esta realidad es válida hoy mismo en nuestro país. Históricamente hemos tenido que hacer de las actividades agrícolas, ganaderas, de la economía informal y de los servicios, las fuentes de empleo de nuestra población. No obstante, cada vez más encontramos un país en donde se incrementa el desempleo y con ello muchas familias ven disminuidos sus ingresos para la alimentación y necesidades básicas. No se trata de abrir espacios en el sector público; al contrario, debe nuestro país ser agresivo en mostrar opciones en el sector privado, que impliquen mayores ingresos para las familias, mayor consumo para el comercio y para empresas productoras de otros bienes básicos o de consumo popular.

Los datos que nos muestra el Programa Estado de la Nación, nos evidencian que las actividades que vienen generando puestos de trabajo, son aquellas de mayores índices de escolaridad. Ello implica que si bien son empleos que mejoran las condiciones familiares básicas, no son suficientes para una mejora sostenida en la estructura productiva nacional como un todo.

Para el desarrollo real de una estructura productiva se requiere una fuerza laboral capacitada con un alto componente innovador, capaz de aportar o generar riqueza en la producción de bienes y servicios. Una mano de obra con baja escolaridad, con pocas competencias para ser determinante en el proceso productivo, no va a ser eficaz en el logro de una estructura productiva capaz de llevarnos a otros niveles de desarrollo económico. Este es un binomio entrelazado “empleo-productividad”. Su interdependencia es plena y las mejores formas de entrelazar ambos conceptos, pueden o debieran darnos resultados muy positivos.

En anterior oportunidad me referí a la urgencia de abrir espacios a la empleabilidad de mano de obra no calificada que podría generar un nivel de ingresos familiares vitales para comenzar a superar los índices de pobreza y de pobreza extrema. Es en este orden de cosas que me animo a llamar la atención para que con el concurso de quienes se desenvuelven en el ámbito privado y de quienes generan las ideas de innovación para la búsqueda del desarrollo a través de la producción, acerquemos con firmeza y compromiso con la patria, las mejores propuestas para su implementación.

Nuestra mejor inteligencia en mercados, en demanda de bienes y de servicios a nivel local e internacional, debiera enfocarse en señalar las alternativas productivas a corto, mediano y largo plazo, a efecto de que la oferta laboral se capacite de manera eficiente y eficaz para atender tales demandas. No es posible que nuestras casas de educación superior, de educación técnica de nivel medio y alto, no se enfoquen en las carreras profesionales y técnicas que el mercado nos ofrece, al responder a toda una estrategia de Estado. Tenemos enormes grupos de desempleados sin educación o capacitación básica; centros de estudio manejando sus propias ofertas formativas que no están plenamente ligadas con las expectativas del sector productivo, sea industrial, o comercial, de los servicios, de las tecnologías, de la agricultura. Un Estado invirtiendo sumas gigantescas para nuestras posibilidades económicas, cuyos resultados siguen cuestionándose, lo cual significa que ha habido y hay recursos para esta atención, pero su utilización no ha sido la óptima. Si como país no sabemos atender de manera concertada esta situación, es decir, incluyendo a todos los actores, estaremos entonces retrasando, en perjuicio de nuestra población, el desarrollo productivo de la nación.