Rodolfo Piza

Rodolfo Piza

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Miércoles 6 Enero, 2016

Malos gobiernos locales pueden ser un infierno y buenos gobiernos pueden levantar el espíritu y el progreso de nuestros cantones

Elecciones municipales del 7 de febrero

Costa Rica tiene 81 cantones de todo tipo: urbanos, rurales y mixtos (la mayoría). Hay cantones ricos y cantones pobres (Talamanca, La Cruz, Buenos Aries, por ejemplo). Hay cantones muy grandes y otros muy pequeños (Flores, San Pablo y Tibás). El cantón de San Carlos (3.347 km2) es más grande que las provincias de Heredia y Cartago y que la suma de 30 cantones del Valle Central. San José, Alajuela o Desamparados, cada uno, tienen 40 veces más población que cantones como Turrubares, San Mateo, Dota y Hojancha.
La heterogeneidad, sin embargo, no debe preocuparnos. Otros países tienen mucha más: Estados Unidos, por ejemplo, tienen condados de más de 8 millones de habitantes (Los Ángeles y Nueva York), y 35 condados con menos de 1.000 habitantes. España tiene más de 8 mil municipios, 3.800 de los cuales tienen menos de 500 habitantes.
Hace más de 20 años, viví en Pelham, un municipio de menos de 12 mil habitantes contiguo a la ciudad de Nueva York. Tenía mejores colegios, recolección de basura, calles, seguridad ciudadana. Tan seguro era que casi echan al jefe de la policía municipal (el sheriff) porque se habían metido a robar a dos casas. A 500 metros quedaba el distrito del Bronx, donde había mucha criminalidad, los colegios eran decadentes y la basura campeaba por las calles. Los grandes municipios tienen cuerpos técnico-administrativos, pero son burocráticos y pierden contacto directo con la comunidad y las personas.
Los planificadores querrían desdibujar los cantones, según criterios tecnocráticos, pero lo esencial es el “sentido social de pertenencia”, y este impone la heterogeneidad. Hay que trabajar y sacarle el jugo a lo que se tiene.
En otros países, las municipalidades manejan desde la energía hasta la educación, desde la policía hasta el servicio de agua, desde los bomberos hasta el tránsito. En otras partes, más del 20% de los gastos públicos corresponden a las municipalidades; en Costa Rica, menos del 2%.
Somos, pues, un país centralizado. ¿Por qué? En última instancia, porque las propias comunidades dejaron de confiar en las municipalidades o de defenderlas, y aceptaron que los gobiernos y las instituciones nacionales asumieran esas tareas.
Si los vecinos ven gobiernos locales que solo aparecen para cobrar impuestos, patentes y ponerles trabas, desde la apertura de una peluquería a un taller, desde la construcción de un hotelito hasta de una casa; si las calles y las aceras están llenas de huecos, si la basura abunda en los lotes y quebradas, si la criminalidad campea por sus fueros y los parques no tienen protección, no querrán saber de ellos. Quizás por eso muchos ciudadanos no piensan votar en las elecciones del próximo 7 de febrero.
Sin embargo, votar es esencial, precisamente por eso. Malos gobiernos locales pueden ser un infierno y buenos gobiernos pueden levantar el espíritu y el progreso de nuestros cantones. Pueden lograr que la gente quiera invertir y crear empleos dignos; que la gente pueda construir sus casas y negocios y vivir con seguridad. Puedan acceder a la cultura y sentirse orgullosos de su cantón. Ejerza su derecho ciudadano y apoye la mejor opción para el progreso de su cantón.

Rodolfo E. Piza Rocafort