Arnoldo Mora

Arnoldo Mora

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Viernes 12 Febrero, 2010


Elecciones 2010 (I)


Las siguientes reflexiones pretenden ser tan solo un balance provisional; lo cual implica que está sujeto a revisión a medida que yo mismo acumule más información y vaya tomando distancia de los acontecimientos que acabamos de vivir los costarricenses en las últimas semanas dentro del marco de una campaña atípica que, en consecuencia, produjo algunos resultados también atípicos.
He de reconocer que, quien más atípico tuvo su comportamiento, fui yo mismo, pues desde 1988 no me involucraba tan directamente en una actividad electoral nacional; tan solo lo había hecho en el ámbito universitario. Desde entonces me había limitado a participar en grupos de reflexión en torno a la situación política nacional, internacional o regional. Tal actividad me resultaba, tanto más apremiante, cuanto que no he dejado de asumir públicamente posición en esta materia a través de los medios de comunicación.
Pero lo cierto es que después de 1988 nunca me he sentido tan directamente comprometido con una opción electoral como lo he hecho desde el año pasado, en que comencé con un grupo a promover una alianza de partidos que fueran unidos, para proponer a los costarricenses una alternativa al neoliberalismo imperante desde hacía varias décadas. Esa idea surgió a partir de que estuvimos a punto de lograr el rechazo del TLC en un histórico referendum el 7 de octubre del 2007. En esta lucha estuve directamente involucrado desde su cuna misma, puesto que de nuestro grupo de reflexión surgió la idea del referendum.
Por eso de allí también brotó la idea de dar a esa mitad de costarricenses la posibilidad de convertir en una alternativa electoral su posición crítica frente a las políticas económicas dominantes. Desde julio encabecé la lista de firmantes de un documento dirigido a los partidos adversos al neoliberalismo en vista a formar una alianza electoral, incluso si cada uno mantenía sus propias papeletas para diputados y munícipes. En ese momento solo el PIN se mantuvo firme.
No fue sino a inicios de enero que, por fin, se pudo lograr esa alianza. Tenía a su favor el factor sorpresa puesto que los adversarios daban por descontada nuestra división, por lo que repartieron a raudales recursos económicos y propagandísticos a un partido de extrema derecha. Por su parte, la alianza tuvo un doble efecto: uno positivo para nuestros propósitos y otro negativo. El positivo fue que en cinco semanas triplicamos el caudal electoral, por lo que de terceros pasamos a ser segundos y a hacer que no pocos observadores hablaran de la eventualidad de una segunda vuelta, que algunas firmas encuestadoras no excluían. Dicha eventualidad se daría, evidentemente, entre la candidata oficial y Ottón Solís, a quien de un rezagado tercer lugar se le volvía a asignar el segundo, como se dio en la campaña de 2006. El entusiasmo se desbordó en todas partes, hasta el punto de que los colores rojo y amarillo llenaron las calles y lugares públicos de la capital y sus alrededores durante los últimos días previos a las elecciones (continuará).