Enviar
Sábado 8 Marzo, 2014

Es fundamental rescatar el vínculo humano como la base de cualquier proceso de crecimiento y aprendizaje. El vínculo con otros significativos es lo que más desarrolla el talento


El valor de la mentoría

La mentoría es un práctica ancestral de desarrollo humano. Ha sido un canal fundamental para la preservación del conocimiento, los valores y la cultura en todos los confines del mundo.
La Real Academia indica que su nombre está inspirado en el personaje de Mentor, consejero de Telémaco, en la Odisea de Homero; y define “mentor” como “consejero o guía”.
De esta forma, la relación mentor-aprendiz involucra a uno que sabe, enseña, aconseja y modela, y a otro que aprende, practica y ve elevado su espíritu por la motivación que le transmite el mentor admirado. Todos tenemos potencial para ser mentores, y por supuesto aprendices.
Para aprovechar al máximo las oportunidades de desarrollo personal de nuestros tiempos, las organizaciones de cualquier sector, así como las comunidades, pueden beneficiarse mucho de restablecer las relaciones de mentoría entre sus “sabios” y aquellos quienes tienen el potencial y el deseo de crecer, aprender y desarrollarse (apetitos sumamente humanos y naturales en todas las personas).
Sin embargo, en nuestra época marcada por los avances tecnológicos, la producción en masa y el acceso a la información, poco a poco ha ido disminuyendo el valor del contacto humano e individual en el desarrollo profesional y personal.
Es fundamental rescatar el vínculo humano como la base de cualquier proceso de crecimiento y aprendizaje. El vínculo con otros significativos es lo que más desarrolla el talento. La mentoría está basada en ese vínculo y permite que tanto mentor como aprendiz se desarrollen en un dinámico intercambio de ideas, conocimiento y apoyo emocional.
Cualquier persona tiene el potencial para ser mentor o mentora. Lo más importante es que cuando quiera ejercer ese rol de mentoría lo haga con gusto, con mucho interés por el desarrollo de su aprendiz.
Además, la relación mentor-aprendiz debe basarse en una profunda confianza entre las dos partes, así como en el respeto por el camino único que el aprendiz ha de recorrer, acompañado del mentor.
Ambas partes deben acordar las “reglas” de esa mentoría: tiempos, espacios, temas que se han de abarcar. Cada relación es única y diferente.
Muchos jóvenes talentos pasarán desapercibidos sin un buen mentor o mentora que les ayude a potenciar su desarrollo personal y profesional. Por esa razón es fundamental abrir más espacios de mentoría en las organizaciones, las instituciones y la sociedad.
Eso permitirá elevar los esfuerzos en educación y desarrollo humano, para potenciar el talento de los individuos para beneficio colectivo.
Y lo mejor es que se trata de un método simple, muy humano y profundamente enriquecedor para todos quienes lo experimenten.

Sol Echeverría

Socia directora
Factor Humano-Consultoría y outsourcing en RRHH
www.factorhumanocr.com