Nuria Marín

Enviar
Lunes 7 Diciembre, 2009


Creciendo [email protected]
El Tratado de Lisboa y Centroamérica

El pasado 1º de diciembre entró en vigencia el Tratado de Lisboa. Se inicia una nueva era de madurez en la integración de las 27 naciones que conforman la Unión Europea (UE), y un ejemplo para todos los países del mundo.
Gracias al tratado, la UE mejora su funcionamiento y capacidad de gestión mediante la modificación del Tratado de la Unión Europea (Maastricht) y el Tratado constitutivo de la Unión Europea (Roma) incorporando el voto por mayoría calificada (antes unanimidad) y fortaleciendo el poder del Parlamento Europeo con codecisión con el Consejo.
En contraste, instituciones como el Parlacen, lejos de mejorar persisten en su inopia y cuestionamientos, razón por la cual Costa Rica ha desistido de participar y Panamá ha iniciado gestiones para su abandono unilateral. Por otra parte resulta incomprensible el conocimiento y reciente condena por parte de la Corte Centroamericana de Justicia en contra de Costa Rica, siendo que no somos parte ni reconocemos su jurisdicción.
Mientras en la Unión Europea, se concentran en fortalecer, dar coherencia y continuidad a la institucionalidad mediante la creación de las figuras de Presidente del Consejo Europeo (sustituye la Presidencia rotativa) y la del Alto Representante de la Unión para Asuntos Exteriores y Política de Seguridad (fusión de dos cargos) en Centroamérica se dan iniciativas como la no entrega a Costa Rica de la Presidencia pro témpore del SICA cuando le correspondía.
Sin lugar a dudas, son temas para reflexionar y como región hacer un alto en el camino. Debemos entender que son más los retos que nos unen que aquellos que nos dividen en términos de inseguridad ciudadana, pobreza e inequidad, debilidades en la gobernabilidad democrática y retos en sostenibilidad, entre otros, que han tomado un carácter transnacional que requieren una acción concertada de nuestros países.
Dentro de esta reflexión y a manera de ejemplo para Centroamérica vale recordar la génesis de la que es hoy la UE, en el que seis visionarios países crearon la Comunidad Europea del Carbón y el Acero (CECA, 1951) al tomar conciencia de su propia e individual debilidad luego de la Segunda Guerra Mundial y de cara al expansionismo soviético, lo indispensable de evitar otro enfrentamiento entre Francia y Alemania y la necesidad para el bienestar de los países, de crear un continente más libre y próspero.
Vale también aprender de la UE, la disciplina, las capacidades de autocrítica, de conciliar posiciones y llegar a acuerdos. También, aprender que los mecanismos de integración deben reinventarse y ampliar sus horizontes para hacerles frente a los constantes cambios del quehacer mundial.
En la década de los 80-90 los centroamericanos demostramos nuestra capacidad de cambio construyendo paz y abriendo las puertas a la democracia. Veinte años después, debemos dar un giro que nos enrumbe hacia nuevos caminos de paz, seguridad y desarrollo con sostenibilidad.