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Miércoles 5 Marzo, 2014

Hay que votar y escoger entre frutos de una misma familia. Apostemos por el que muestre los cuadros más experimentados para enfrentar el tsunami que se aproxima


El secuestro

Los partidos que aspiran a ganar en abril deben aceptar que la primera convocatoria resultó en un rotundo fracaso. Ninguno logró convencer al conglomerado. Y solo un 20% de la totalidad de los electores votó por ellos.
Algunos piensan que el PAC se encuentra muy comprometido con agrupaciones izquierdistas.
Tanto Alianza Patriótica como Frente Amplio son afines a regímenes que gobiernan gracias a instituciones cooptadas y a un inmenso ejército de burócratas subsidiados por el Estado. En esos lugares, la empresa privada no tiene mayor relevancia y más bien es exhibida como núcleos dirigidos por antisociales.
Los sindicatos no son la solución, son parte del problema. Y el secretario general de la ANEP ya dejó entrever los colores de su preferencia.
Si bien para algunos el tema es irrelevante, para los inversionistas el asunto es crucial. Cuando las ramas crujen los venados se espantan.
En la acera de enfrente las cosas no son muy diferentes. Don Rolando Araya ha señalado al PLN como una agrupación que ha abusado del poder para favorecer negocios propios y los de una “camarilla de influyentes políticos empresarios”.
Además, los acusa de violentar la división de poderes que sustenta el sistema, y de haber “fraguado estrategias maquiavélicas para destruir políticos que les estorban”.
Ciertamente, tanto don Johnny Araya como don Luis Guillermo Solís provienen de una misma raíz ideológica. Y prometen ahora combatir las malas prácticas del grupo que los abrigó cuando ambos comulgaban con el modelo que ahora critican.
Curiosamente, en política, lo oscuro terminamos descubriéndolo siempre, mientras que, lo claro, conlleva más tiempo visualizarlo.
Resulta necesario entonces conocer cómo enfrentarán realmente los estragos causados por el desorden, el vandalismo y la apatía.
Hasta ahora la única receta revelada es la relacionada con más cargas impositivas.
Conclusión: Este es el triste panorama que tenemos al frente los que no pertenecemos a estas agrupaciones. Desdichadamente, a veces hay conjunción de perdedores que, fingiendo ser víctimas, secuestran cartas ganadoras para luego entregarles los votos a los adversarios del propio partido.
Y lo más lamentable es que, después del fatal desenlace, aparecen orgullosos mostrando la derrota sufrida.
Para cumplir con la patria hay que votar. Y no queda más que escoger entre frutos de una misma familia. Apostemos al menos por el que muestre los cuadros más experimentados para enfrentar el tsunami que se aproxima.


Jorge Castro Guardia