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El Morera se manchó morado
Al fin Alexandre Guimaraes le ganó un partido a Oscar Ramírez y en Alajuela

Una acción de puro fútbol, de esas que aplaude hasta el rival, que levantan a cualquiera del asiento. Con una jugada de esas Saprissa se trajo abajo más de tres años sin ganar en el Estadio Alejandro Morera Soto.
Sí, el clásico, que fue bastante bueno, salvo por los bochornosos actos al final, era parejo, hasta que Ricardo Blanco, pero sobre todo Jorge Alejandro Castro, le puso fantasía para quebrar el empate y darle la victoria 2 a 1 a los morados sobre Alajuelense.
Claro, a Mynor Escoe le tocó ponerle la cereza al pastel, darle el jaque mate, la acción clave, porque de lo contrario, pasaría de ser un jugadón, como lo fue al terminar en gol, a una simple buena acción.
El clásico esta vez sí fue clásico, tuvo de todo como en botica, y aunque al final fue Saprissa el que se quedó con los tres puntos, Alajuelense hizo un buen juego y es más, antes de la anotación de Escoe, fue Kevin Sancho quien perdonó en sendas ocasiones.
Y es que pintaba bien desde el primer minuto, cuando Alejandro Alpízar quedó solo ante Víctor Bolívar, pero el “Matador” no liquidó y más bien fue el reaparecido arquero quien salió avante en el mano a mano, como lo hizo durante la semana con Donny Grant, al que relegó al banquillo.
Pero el Morera Soto, que estaba pintado de rojo y negro en su totalidad, quería fiesta y nada mejor que montarla contra Saprissa y aunque no lograban avasallar al rival, al menos merodeaban el área.
Y eso tuvo la recompensa cuando Pablo Antonio Gabas aprovechó la indecisión de la zaga morada a la hora de despejar y con el marco de frente, remató de cabeza para poner el 1 a 0.
La locura llegó, eran 21 minutos y todo caminaba sobre un lecho de rosas para los dirigidos por Oscar Ramírez, que tenían control en las líneas y manejaban el marcador.
Pero no liquidaban y en duelos entre estos equipos eso es necesario, porque en cualquier momento te pasan la factura y Saprissa lo hizo y de la manera dolorosa del autogol.
Tiro de esquina, unos marcan por zona, otros hombre a hombre, entre esos Jorge Davis, el manudo más alto va por Douglas Sequeira.
Como quien no quiere la cosa, Walter Centeno llega al vértice de la cancha, hace la seña con la mano y centra, pelota al primer poste, suben Davis y Sequeira, el manudo la desvía pero contra su marco, Patrick Pemberton no puede hacer nada y se empata el juego.
La complementaria fue muy buena, de nuevo Bolívar, en el primer minuto le quita un gol a los rojinegros, esta vez ante remate de Gabas. Acto seguido fue Pemberton quien se lo negó a Jorge Alejandro Castro.
Las amarras se aflojaron, el vértigo apareció, ingresó Armando Alonso a ponerle morbo y la afición, metida en el juego, pese a ser miles, se silenciaba por largos minutos.
Kevin Sancho la tuvo para montar de nuevo la fiesta, dos veces quedó ante el meta morado, una la envió afuera y la otra a las manos de Bolívar… una vez más surgió esa frase, muy quemada por cierto, pero muy verdadera, el que perdona pierde y sancho perdonó.
Expulsaron a Alejandro Alpízar y a José Mena, uno por equipo, pero perdió más la Liga, ya que sin fuerza en la ofensiva, la presencia de Mena no era vital.
Hasta que vino la acción de la noche. Centeno cobró tiro libre largo a Castro, este, con dos marcas encima, cual mago, sacó del sombrero un taquito a Blanco, quien no la ensució y se la devolvió.
Castro movió la cintura, sacó marcas, vio a la izquierda y puso pase a la derecha. Escoe, paró, pensó y tocó, la pelota no se ensució, entró limpia a la red, 2 a 1, gol de Saprissa.
El rojo y negro, como el día, desapareció, se lo llevó la noche y surgió un pequeño morado, suficiente para manchar el Morera Soto, hundir a la Liga en la novena casilla y mantener a Saprissa en los primeros lugares.

Cristian Williams
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