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El frío y las cobijas

¡Qué desconcentración! ¡Fallaron en el último momento! ¡Casi, casi! ¿Ha escuchado estas expresiones referidas a equipos que enfrentan dificultades para culminar con éxito un encuentro deportivo o un período de trabajo en una empresa? Lo paradójico es que, en situaciones límite, se pone a prueba la fortaleza mental, la cual requiere una disciplina de entrenamiento que no siempre es incorporada ni entendida en la preparación de un equipo.
Incluso, suele ocurrir que ante los primeros síntomas de desempeño errático, se argumente que lo que falta es “motivación” y se activen alarmas que conducen a charlas, nuevos incentivos, arengas, y hasta regaños para, supuestamente, incrementar la actitud competitiva. La motivación se refiere a los motivos para entrar en acción, a la aspiración de ganar algo a cambio de una satisfacción importante. ¿Quién necesita que le motiven para ser parte del equipo añorado o de una excelente empresa? ¿Requerimos “motivadores” que nos recuerden eso? Por supuesto que no. Es más, un exceso de discursos de este tipo puede causar efectos contrarios a los deseados.
Lo que sucede es que se confunde la “motivación” con la “mentalización.” La segunda consiste en la preparación de la mente para potenciar habilidades de manera que el rendimiento sea consistente hasta el último minuto de trabajo. Implica desarrollar la visualización, la concentración, la gestión de actitudes ante la adversidad, la inteligencia emocional para mantener la serenidad pese a la presión del rival, y el discernimiento sobre qué es lo mejor para el equipo en cada momento.
La mentalidad de un equipo deportivo, por ejemplo, se pone a prueba en situaciones de máxima tensión. La motivación para ganar siempre va a estar allí, pero el cansancio, la deshidratación, la presión, el temor de perder, y la ansiedad hacen estragos en algunos jugadores que reducen su disciplina táctica o su adhesión al espíritu de equipo, provocando errores que afectan el resultado colectivo. Igualmente, hay empresas bien motivadas pero sin la fuerza mental necesaria para sostener y concretar sus estrategias, por lo que fallan en los instantes menos oportunos.
Una buena mentalización, más una alta cohesión de grupo, crean una identidad compartida tan sólida, que todos focalizan su atención en una sola dirección y luchan con irrenunciable determinación por el objetivo, sin importar si en el proceso se va ganando o perdiendo. Incrementar estas capacidades requiere tiempo, constancia y técnicas para estimular el intelecto, la madurez, la “lectura” rápida de circunstancias y la ecuánime toma de decisiones efectivas.
Recetarle a un equipo motivado más de la misma medicina equivale a creer que el frío está en las cobijas, y eso ofrece la ventaja a un rival bien mentalizado.

German Retana
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