Miguel Angel Rodríguez

Miguel Angel Rodríguez

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Lunes 3 Octubre, 2016

Debemos hacer de la innovación, la productividad y la competitividad los fundamentos de nuestro modelo de desarrollo

DISYUNTIVAS

El estancamiento de las economías desarrolladas y Costa Rica

Desde antes de la Gran Recesión (2008-2009) se viene dando una disminución en la tasa de crecimiento de la producción y la productividad en las economías desarrolladas. Así, a pesar de la muy importante disminución de la tasa de desempleo en Estados Unidos el crecimiento de su Producto Interno Bruto (PIB) no ha superado el 2% con posterioridad a esa crisis.
Hay una discusión interesante entre economistas. Un grupo estima que esto se debe a causas que producirán un estancamiento de largo plazo de las economías desarrolladas, que experimentan y experimentarán un más bajo crecimiento de la productividad.
Para Estados Unidos estiman un crecimiento de la productividad similar al prevaleciente en el siglo XIX y primeras décadas del XX. Ese cuadro cambió de la tercera a la séptima décadas del siglo XX, cuando el incremento en la productividad se aceleró.
Otros consideran que se debe a causas temporales como la no medición de nuevos productos en el PIB por ofrecerse gratuitamente a los consumidores o cuyos precios no reflejan las mejoras de calidad, y también a otras causas temporales pues no se han reflejado, todavía, en la producción los importantes cambios tecnológicos de los últimos años.
Sea uno u otro el caso, lo cierto es que nos afecta. Tres cuartas partes de nuestras exportaciones van a países ricos.
¿Cuál es la evolución de nuestra productividad?
Édgar Robles en sus trabajos publicados y en una presentación actualizada en la Escuela de Economía de la Universidad de Costa Rica (UCR) nos muestra que el crecimiento de nuestra producción a partir de los años 60 se debe fundamentalmente al aumento de uso de trabajo y capital.
En la década de los 90 se da el mayor crecimiento en la productividad total de los factores. En ese periodo el aporte del crecimiento de la productividad al crecimiento del PIB, es igual a la suma de los aportes del aumento de trabajo y capital. Además, el aporte del crecimiento de la productividad al PIB es en este siglo el menor, salvo el de la crisis de los 80.
Alonso Alfaro y Alberto Vindas nos señalan que la diferencia en la productividad por trabajador con respecto a EE.UU. se ha agrandado a partir de 1960 en los sectores de servicios y agricultura, no en manufactura, pero el crecimiento de la proporción de producción en servicios hace que se agrave nuestra diferencia de productividad con EE.UU.
Ricardo Monge confirma el incremento en nuestro rezago productivo en las últimas cuatro décadas, y señala durante este siglo un mayor rezago en el sector servicios, que es también el que muestra más diferencia en productividad entre las empresas pequeñas y las grandes.
Cinde, Comex y Procomer demuestran que ya en este siglo la productividad por trabajador es mayor en manufacturas en Zona Franca que en el resto y convergen con la de EE.UU., y que desde hace tres décadas su tasa de crecimiento es mayor en Zonas Francas.
Estas conclusiones nos señalan que existe mucho campo para incrementar nuestra productividad. No somos, salvo en muy pocos casos, un país productor de bienes que estén en la frontera tecnológica, de bienes que se producen con las tecnologías de punta.
Además, en los países desarrollados las empresas en la frontera de producción experimentan más grandes tasas de crecimiento de su productividad.
Eso nos abre camino para innovar y poder incrementar la productividad total de los factores para que aumente la tasa de crecimiento de la producción.
Pero dependemos de nosotros mismos. Debemos hacer de la innovación, la productividad y la competitividad los fundamentos de nuestro modelo de desarrollo. De ello depende disminuir el alto desempleo y la estancada pobreza.
Difícilmente lo lograremos si seguimos haciendo lo mismo.