Carlos Denton

Carlos Denton

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Miércoles 24 Febrero, 2010


El eslabón débil


El deterioro fiscal en Grecia y el impacto que ha tenido en la Unión Europea (UE) como un todo, confirman e ilustran el viejo adagio que dice que “ninguna cadena es más fuerte que su eslabón más débil”. La moneda europea, el euro, ha perdido un 10% de su valor, y se espera que para finales de año pueda estar en E1 = $1,30. Los gobiernos de los países que han practicado parsimonia, ahora tienen que pagar el precio de los excesos y la incapacidad de los griegos.
En contraste, en Centroamérica pareciera más bien que hay un eslabón fuerte —Costa Rica— y cuatro débiles (la C4). No es posible establecer mucha analogía entre lo que es el Mercado Común Centroamericano (MCC) y la UE, porque al final de cuentas la institucionalización de la integración en el Viejo Continente está mucho más avanzada. El MCC es exactamente lo que su nombre indica; una región donde hay libre comercio entre los cinco socios, ahora comenzando a extenderse a la República Dominicana y a Panamá. No obstante los intentos de varias fuentes, y en muchos casos con presión de la UE, el proceso para avanzar en la integración es muy lenta precisamente por la disparidad institucional y económica entre Costa Rica, por un lado, y la C4 por el otro.
El paso siguiente sería la unión aduanera, y Costa Rica tiene frenado el proceso; es precisamente por temas fiscales que no progresa esa unión. Todos los cinco países, incluyendo este, dependen significativamente, y probablemente excesivamente, de los aranceles para producir ingresos para el fisco. El problema estriba en que los ticos, correctamente o no, perciben que las aduanas de los otros socios del MCC son porosas, y que al entrar en una unión habría todo tipo de abuso que le afectaría negativamente incluyendo la “triangulación”.
Entre otras medidas se supone que con la unión se establecería un puesto aduanero en común en diversas fronteras. Los costarricenses miran con recelo la posibilidad de que un agente de otra nacionalidad estuviera calculando y cobrando los impuestos que les corresponden. Pero el temor principal es que entrarían productos de esos países de alguna manera sin el tratamiento arancelario adecuado, y que luego estos se presentarían en Costa Rica como productos nacionales de los socios del MCC.
Para ponerlo en forma más amplia, los costarricenses no confían en la institucionalidad de los socios de la C4. Lamentablemente hay hechos concretos, desde algunos sistemas judiciales supuestamente falseados, hasta instituciones electorales vistas como parcializadas, que dan cabida a estas preocupaciones. Pero el problema va más allá con situaciones francamente burdas. Por ejemplo, por muchos años las fuerzas armadas de una de las naciones, establecida por la Constitución Política como “defensora de la democracia,” estuvo en el negocio del contrabando, y esto se sabía dentro y fuera de sus fronteras nacionales. También se escuchan historias de diputados en más de un país metiéndose en los patios aduaneros y sacando mercadería sin pagar lo debido. Presiones de productores que manipulan reglamentos fitosanitarios para beneficiarse, constituyen un tercer ejemplo de lo que ocurre, aunque eventualmente, en la C4.
Es una situación difícil para Costa Rica, porque realmente le sirve que haya unión aduanera. En contraste con la UE, en el MCC lo que hay es un eslabón fuerte —Costa Rica— y cuatro débiles.

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