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El tren que nos merecemos: Luis Enrique Loría

Redacción La República [email protected] | Viernes 09 abril, 2021 10:47 am

Luis Loría, economista
Shutterstock / La República


Luis Enrique Loría Rebolledo

Doctor en Economía

Universidad de Aberdeen

Empecemos por definir el problema: la movilidad en la Gran Área Metropolitana es un desastre.

Los abismales tiempos de traslado generan pérdidas económicas y, más importante aún, pérdida de bienestar.

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¿Ayudaría un tren?

Por supuesto que sí.

Un tren rápido de pasajeros brindará beneficios en movilidad y puede además ser un potenciador de, tan necesitada, regeneración urbana.

Esto ha sido cierto desde la concepción de proyectos que han precedido al actual.

El debate no es si deberíamos invertir, el asunto es cómo.

El proyecto de tren supone la inversión más grande que se ha hecho en la historia moderna del país. Es un proyecto con niveles inéditos de complejidad tanto en su construcción como en su operación, que va a cambiar radicalmente la dinámica social del GAM y cuyo impacto fiscal se va a sentir por décadas.

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No es cosa menuda.

Es fundamental que exista la garantía que su diseño y parámetros de operación obedezcan a las necesidades y realidades del país.

En ese sentido, después de una necesaria revisión del proyecto, el Banco Interamericano de Desarrollo recién ofreció una serie de recomendaciones que son bienvenidas y deben ser incorporadas en su totalidad.

Puntualmente, el BID nos recomienda reconocer las limitaciones de proyecciones de demanda y adecuar el modelo de negocio. Nos pide replantear los planes operativos y recalibrar los costos de inversión.

Nos sugiere construir obras de infraestructura complementarias para mejorar el nivel de servicio. El BID no nos pide detener el proyecto. Pero, implícitamente, nos insta a tomar un respiro y hacer ajustes significativos al proyecto.

Además, como también nos recuerda el BID, no olvidemos que el tren es solo un componente de la movilidad.

Y como tal, cualquier inversión debe estar modulada por las necesidades del sistema en su totalidad.

Es decir, el tren es necesario, pero no es suficiente.

Por ejemplo, la demanda proyectada del tren es de 200,000 pasajeros diarios, lo que debe volver a analizarse considerando los efectos del teletrabajo.

Pero aún aceptando la cifra, se trata de tan solo el 17% de los 1,2 millones de viajes que se hacen en bus diariamente.

El tren necesita de los buses, como los buses necesitarán del tren.

Una inversión en tren que no contemple rediseñar e integrar ambos, así como otros modos de transporte, se quedará corta para mejorar sustancialmente la movilidad en el GAM.

Dicho popularmente, invertir en tren sin entrarle a los otros modos es poner la carreta delante de los bueyes.

El hecho que las concesiones de bus se tengan que renovar este año presenta una oportunidad inmejorable para finalmente repensar el sistema.

El tren sí es necesario.

Pero no se trata de construir un tren para tenerlo.

El mismo requiere diálogo, requiere acuerdos y, sobre todo, requiere consensos.

Aprovechemos los insumos de afuera y complementemos con la experiencia local para desarrollar un proyecto del que estemos orgullosos y, primordialmente, ofrezca los mayores beneficios con un responsable uso de recursos.

Para ello es fundamental que el proyecto no se debata en el ruedo político.

El tren no es un slogan, a favor o en contra, de campaña.

Asimismo, no es el tren de alguien en particular.

Es un proyecto país y como tal, es el tren de Costa Rica.

Ese es el tren que nos merecemos.


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