Macarena Barahona

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Jueves 20 Marzo, 2008

Cantera

El Fortín de don Fadrique

Macarena Barahona

Pocos símbolos son legados a los venideros costarricenses por sus ancestros. Nos posee un espíritu mezquino ante la custodia de valores y bienes y la destrucción o los festines antojadizos por valor a los metros cuadrados, han sido la clásica conducta, de los que han tenido poder para la demolición venta o destrucción de bienes materiales importantes para nuestra cultura.
Nuestra memoria colectiva va heredando una actitud de ver únicamente el presente, que terminará por idiotizar más a los jóvenes costarricenses, no por malos patriotas, sino porque nunca vieron, nunca supieron y nadie les contó del pasado, ni de la memoria tan vital de nuestra patria.
Entre maravillas únicas de nuestro país siempre, por superviviente, vilipendiado y resistente he amado el Fortín de Heredia.
Vetusto símbolo de dictaduras militares, de sueños de asaltos a cuarteles cuando fue poderoso el militarismo en Costa Rica y el general Guardia perseguía hasta los confines y apresaba a sus opositores o amaba a sus allegados. Don Fadrique Gutiérrez Guardia fue amado y odiado por este su primo; que concentró el poder por tantos años.
De don Fadrique, heredamos historias increíbles, magníficas esculturas de santos en las iglesias de la provincia de Heredia, recuerdos violentos y tristes de sus exilios, sus lastimosas e injustas huidas, cuando el presidente lo degradó por temer a su espíritu de aventura, del cual había gozado en su asunción al poder.
Don Fadrique, un olvidado, un, dice don Luis Dobles Segreda:… “hidalgo extravagante de muchas andanzas: pendenciero y artista, mujeriego y devoto, ingenioso y astuto. Lo parió la tierra estremecida y se lo tragó la tierra fatigada”.
Es en el solitario Fortín, obra de sus cabalísticas metáforas arquitectónicas donde, en su penitencia de pagano demócrata, refleja la memoria y anhelos de los perseguidos y humillados políticos de tantos años de historia política; las insensateces del poder y su desmemoria.
En el Fortín de don Fadrique, con sus misterios constructivos, su derecho tan al revés, su mirada perdida en el tiempo, en las soledades de los que ya no saben quién fue el apoteósico don Fadrique; que llevó en un golpe de magia, de ciencia y de talento, al poder al general Tomás Guardia y luego por su Fortín y misterios fue perseguido hasta su muerte, extrañado de su casa, de su Heredia, para morir en una lejana Esparza, anónimo para siempre.
Sobrevive su singular Fortín, sombra perenne en memoria de su lúdico y memorable autor y hasta ahora, como en los cuentos, tantos años después, la Municipalidad de Heredia decidirá al fin, una restauración y no una demolición, y aunque extemporánea, la sugerencia de Aquileo Echeverría, nuestro ilustre poeta, fue que la llenara de flores, muchas flores, iniciativa que retomo y sugiero.
Y en las bellas palabras de Luis Dobles Segreda: “Sembrar en torno enredaderas de bellísima y pudre orejas y dejarlas crecer para que prendieran en la cima la alegre banderita de sus flores. Quería verlo vestir un manto de seda y verdura, ver las bocas desdentadas de las claraboyas reír con la caricia floral, ver al gigante de ladrillo florecer como un enorme vástago pleno de fecundidad”.